25 de enero 2011 - 00:00

Sangra otra vez la herida del Cáucaso islámico

Moscú - El baño de sangre perpetrado ayer en el aeropuerto de Moscú reavivó entre los rusos e incluso en el Kremlin los temores a una nueva serie de atentados terroristas.

Los islamistas radicales del conflictivo territorio ruso del Cáucaso Norte amenazaron una y otra vez con trasladar el terror a la capital rusa, allí donde la mayoría de los ciudadanos ya prácticamente no repara en que en las repúblicas separatistas de Chechenia, Daguestán e Ingushetia mueren casi a diario personas en combates.

Con el atentado de ayer, el terror volvió a infiltrarse en las mentes de muchos rusos. Recién hace diez meses, a fines de marzo de 2010, dos atacantes suicidas mataron a 40 personas en el subterráneo de Moscú en un golpe doble. Los líderes islamistas acusan al Kremlin de la sangrienta política de ocupación del Cáucaso Norte y subrayan con el terror su pedido de independencia.

Visiblemente conmocionado y con la voz baja, el jefe del Kremlin, Dmitri Medvédev, dio a entender que la situación de seguridad en el país deja mucho que desear, a pesar de que tras los grandes baños de sangre en Moscú las leyes antiterroristas fueron endurecidas una y otra vez. La mayoría de las veces hubo críticas por part-e de los defensores de derechos humanos que acusan al

Kremlin de usar estas nuevas reglas para reprimir a los que piensan distinto.

Más que nunca, Rusia se encuentra bajo presión internacional. En 2014 deben realizarse en Sochi, sobre el Mar Negro, los Juegos Olímpicos de invierno, cerca de los territorios en conflicto. Por si fuera poco, en 2018 Rusia albergará el Mundial de Fútbol.

Como ahora, cuando la mayor ciudad de Europa se ve sacudida por un atentado terrorista, los más de diez millones de habitantes deben prepararse para medidas de seguridad más estrictas. Los detectores de metal en los centros comerciales e instituciones culturales forman parte desde hace tiempo del día a día de los moscovitas. Además del subterráneo, también fueron objetivos de los atentados un mercado, un teatro y edificios de viviendas.

Dado que ahora el objetivo fue uno de los tres aeropuertos internacionales, muchos rusos recuerdan los atentados de las «viudas negras» que en 2004 volaron por los aires dos aviones. Los presuntos terroristas del Cáucaso eligieron esta vez como objetivo la zona de arribos del aeropuerto de Domodédovo, una de las zonas con menos seguridad del aeropuerto, para encender su bomba con trozos de metal.

Medvédev anunció rápidamente un nuevo debate de seguridad en Rusia. El presidente se juega mucho ante las elecciones a la Duma (Cámara baja del Parlamento) en diciembre y su posible candidatura en las presidenciales de 2012. Hasta ahora, no logró estabilizar la situación en el norte del Cáucaso, según dijo hace poco el politólogo moscovita Alexei Malashenko del centro Carnegie.

Según informes de los medios, murieron en el norte del Cáucaso el año pasado unas 800 personas, tantas como no morían hace años, y entre ellas, además de los islamistas, muchas fuerzas leales al Gobierno y civiles. Los expertos critican desde hace tiempo que al Kremlin la situación se le está saliendo de control desde hace rato.

Si bien Medvédev y el jefe de Gobierno, Vladimir Putin, bombearon miles de millones a la región empobrecida, sobre todo para darles trabajo a los jóvenes y evitar que se radicalicen, una y otra vez las autoridades acusan a las redes terroristas internacionales como Al Qaeda de financiar a los islamistas del Cáucaso Norte. Uno de los líderes rebeldes, el checheno Doku Umarov, quiere crear allí un emirato caucásico, sin influencia de Moscú.

Dado que la campaña electoral ya comenzó, empezarán a circular teorías conspirativas como siempre sucede cuando los atentados golpean al centro del poder. Miembros de los servicios secretos o del Ministerio del Interior comienzan a ser sospechados de iniciar los atentados para justificar la violencia y asegurarse el poder. El Kremlin, por su parte, siempre rechaza estas teorías como un disparate.

Agencia DPA

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