- ámbito
- Edición Impresa
Sangría K: sigue rebelión que ya afecta al partido
Carlos Mosse
La rebelión se produjo, este fin de semana, en Coronel Suárez, uno de los distritos fuertes del sur provincial. El cisma lo encabezó Hugo Bilbao, mandamás del PJ local y diputado provincial que decidió, en la misma sintonía, abandonar la bancada del FpV.
A mano alzada, las autoridades partidarias, los concejales del PJ y militantes del distrito votaron por el «distanciamiento» del «sector que nuclea a justicialistas, piqueteros y agrupaciones de izquierda conocido como kirchnerismo». Hay, en la declaración, una pizca de desprecio.
«El conflicto con el campo fue el inicio del final del proyecto kirchnerista» agrega, en otro tramo, el texto de anuncio formal del PJ distrital del FpV. En esa línea, el partido autorizó a su presidente, Bilbao, a definir las alianzas políticas y electorales que considere convenientes.
Es un dato jugoso: Bilbao dejó el FpV, pero no recaló, como otros de sus compañeros de banca, en el bloque del peronismo disidente que desde el viernes pasado encabeza Osvaldo Mércuri. Se encamina a conformar un bloque unipersonal que, quizá, no rompa vínculos con Daniel Scioli.
Otro detalle: enlazado con Carlos Mosse, que renunció a la comisión de Presupuesto del Senado -luego le pidieron que «pida licencia»-, Bilbao conforma un espacio en la sexta sección y tiene, entre otras relaciones, a Sergio Massa. No falta quien lo sindica como massista.
A los diez diputados que abandonaron el bloque bonaerense -es, todavía, un misterio por qué Felipe Solá cambió en 12 horas de impulsar a Marcela Di Pasquale como jefa de ese bloque a «operar» para que se lo proclame a Mércuri-, más los cuatro senadores que testean dar un paso similar, se le agregó esta rebelión distrital.
Es un caso testigo en medio de una avalancha, todavía incipiente, de concejales que toman distancia del FpV. Hay un factor recurrente: a la mayoría se le termina el mandato en diciembre y tiene pocas chances de renovar por dentro del kirchnerismo.
Esa situación, que el oficialismo usa para tratar de desmerecer las fugas, refleja una debilidad de Olivos: menguó su capacidad de contención y, en un proceso de achicamiento, no sabe ni puede -quizá, a lo Alfonsín, tampoco quiera- retener y cobijar a los futuros «mandato cumplido».
Aunque se mueve como jefe del peronismo de la provincia, Néstor Kirchner no pudo frenar una sangría que se venía anticipando de hace meses. Apenas, Daniel Scioli logró bloquear una rebeldía mayor y dejó a salvo, ajustadamente, la mayoría de diputados. Le quedan 47 votos; lo justo.
Centralista, implacable, el patagónico atomizó al peronismo de Buenos Aires y ahora, en época de crisis, se queda sin soporte para evitar los estallidos. Es sintomático el caso de Bilbao y Mosse: hubo, contra reloj, un intento para que orbiten cerca de Olivos. Parece tarde.
Una foto del conurbano lo demuestra. Detonó el ordenamiento histórico en las secciones y ahora hay jefes sueltos, en guerra fría permanente, que sólo reportan a Olivos pero, como muchos otros, se quedan sin juego para ordenar -y no siempre- algo más que su territorio.
¿No responde, a esa ausencia de referencias provinciales, que «Cacho» Álvarez salga a proponerse como potencial candidato a gobernador en 2011? El de Avellaneda, con expresiones híper K, se puso ahora a mirar lejos: una forma de hacer -sin decirlo- poskirchnerismo.

Dejá tu comentario