22 de marzo 2010 - 00:00

Sanz: el amor es más fuerte que el flamenco

Asentado como ídolo femenino, Alejandro Sanz llenó Velez con baladas románticas, más lucrativas que el flamenco que tan bien solía hacer en otros tiempos.
Asentado como ídolo femenino, Alejandro Sanz llenó Velez con baladas románticas, más lucrativas que el flamenco que tan bien solía hacer en otros tiempos.
«Tour Paraíso. Presentación de Paraíso Express «. Actuación de Alejandro Sanz (voz, guitarras). Con Mike Ciro (guitarra, dirección musical), Alfonso Pérez (teclados), Carlos Martín (vientos, percusión), Chris Hierro (teclados, coros), Nathaniel Townsley (batería), Aramand Sabal (bajo), Jan Ozveren (guitarra), Sara Devine (coros) y Twell Sust (coros). (Estadio Vélez, 20 de marzo).

Hay una vieja anécdota que se atribuye a George Gershwin y Maurice Ravel. En un momento, el norteamericano fue a verlo al francés para tomar clases con él. Ravel le preguntó entonces al compositor de «Porgy & Bess» cuánto había ganado el año anterior. A la respuesta de U$S 200.000, el creador del «Bolero» dijo entonces: «sería yo el que debería tomar clases con usted».

Han pasado casi 100 años desde aquella historia; sin embargo, el poder de la convocatoria en un artista -que de eso estamos hablando- sigue siendo un valor muy difícil de cuestionar. Hace ya unos cuantos años, cuando este madrileño de 41 años era todavía una joven promesa, los periodistas nos entusiasmábamos con su vena más flamenca en desmedro de su línea más baladístico-romántica.

Por esa época, Alejandro Sanz todavía incluía en sus shows un set en el que él y sus músicos tocaban guitarras acústicas y cantaba, maravillosamente, piezas tradicionales de Andalucía. Ahora, los teatros le quedan chicos al español. Viene desde hace tiempo a la Argentina y ha ido construyendo un público -como en cada país de América Latina- de miles y miles de mujeres de muy diferentes edades.

Muy atrás quedó el flamenco. Su presente son los estadios -como esta vez el de Vélez- colmado de chicas enloquecidas con sus canciones, viejas o nuevas, de toda su discografía anterior o del más reciente y exitoso «Paraíso Express». Frente a esa multitud, o a los 21 millones de copias vendidas de sus álbumes, los 200 discos de platino, los 15 Latin Grammy y los 2 Grammy, es muy difícil encontrarle defectos; y parece ser él quien debe enseñarnos a nosotros.

Porque a sus fans -enfervorizadas, conocedoras al dedillo de cada una de las canciones, integrantes voluntarias de un coro multitudinario- no les preocupa que, año a año y disco a disco, Sanz se repita en su estilo, reitere tics de muchacho dulce y melodías que tienen mucho parecido entre sí, se acompañe con una banda eficaz pero poco sorpresiva, haya dejado de lado su rincón flamenco, y sonría -siempre- con mohines seductores ensayados con minuciosidad.

Porque Sanz canta «Cuando nadie me ve», «Corazón partío» y «No es lo mismo», o aún varias de las canciones del nuevo CD, y el mundo se detiene para todas esas chicas y señoras, los ojos y los labios del español pasa a ser de cada una de ellas -que le declaran su amor más que a sus propios novios o maridos-, las melodías atraviesas sus cuerpos y sienten que el español les canta personalmente. Y Ravel vuelve a tener razón con su sentencia.

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