24 de junio 2014 - 00:40

Scioli-Macri, parábola sinuosa entre simpatía y antagonismos

• El porteño mira a la UCR y contra Massa.
• El gobernador le teme a una emboscada de la Rosada.

El 5 de enero de 2012, mientras Cristina de Kirchner permanecía en posoperatorio, Daniel Scioli invitó a jugar un partido de futsal a Mauricio Macri. Ahora lo atacó: hoy el porteño posa con Cristina.
El 5 de enero de 2012, mientras Cristina de Kirchner permanecía en posoperatorio, Daniel Scioli invitó a jugar un partido de futsal a Mauricio Macri. Ahora lo atacó: hoy el porteño posa con Cristina.
 Daniel Scioli sobreactuó un enojo. El cruzado de los buenos modos, el pastor del tono medio, exageró ayer el antagonismo con su rival preferido, Mauricio Macri. Lo hizo, hasta destemplado, para descartar enfáticamente, con premeditado histrionismo, toda chance de un pacto político-electoral con el porteño para 2015.

Lo de Scioli fue, en rigor, una respuesta intensa a un comentario, casi de manual, que Macri dejó caer el fin de semana en entrevistas en las que negó toda chance de acercamiento con Scioli y Sergio Massa, por considerar a ambos peronistas que forman -o formaron- parte del dispositivo K y ahora son, dijo el porteño, "gatopardistas".

Escénico, Scioli negó una negación pretérita de Macri. Si la política fuese matemática podría interpretarse que de multiplicar dos negaciones germina una afirmación, por aquello de menos por menos, es más. En verdad, Macri y Scioli aparecen hermanados en un un deseo: ambos quieren, al menos en lo inmediato, que se licue Sergio Massa para emerger ellos, antiguos cófrades, conocidos desde la adolescencia, como las cartas bravas de la elección que viene, la sucesión irrevocable de Cristina de Kirchner.

Scioli y Macri
protagonizan una parábola sinuosa donde fueron, en la década K, sujetos parecidos ubicados en trincheras antagónicas: el bonaerense jugó a ser el más distinto dentro del universo kirchenrista -sobre todo en formas y gestos- mientras Macri apostó a ser el más distinto fuera del kirchenrismo, reactivo a todo retazo de PJ clásico -ni Ramón Puerta, algo así como el protoimpulsor del Macri político, pudo convencerlo de que se abrace al amplio y diverso peronismo que pudo tranquilamente cobijarlo- y ferviente opositor de acciones, como la reestatización de YPF, en las que el grueso del arco político respaldó, matices al margen, a la Casa Rosada.

En los últimos meses, Scioli y Macri siguieron parados en el mismo lugar, sus sitios de comodidad, pero hubo sacudones: primero irrumpió Massa, que sedujo a exkirchernistas y anti-K por igual -rozó el 45% en la provincia- lo que perforó a Scioli y a Macri: al primero entre los simpatizantes moderados del Gobierno y al segundo, entre los fervorosos opositores.

Cristina de Kirchner alteró, también, aquel statu quo al modificar su posición en el tablero: dejó de despreciar al porteño y lo eligió estratégicamente como su contracara, el viejo sueño nestorista de polarizar con el más diferente, la antítesis ideológica, el "no político" versus los redentores de la política.

Los que cada mañana beben la pócima de la conspiración han atribuído a Kirchner haber apostado a una victoria de Macri en Capital en 2007 contra Daniel Filmus -el ex senador, al margen, le avisó a un puñado de dirigentes que ya no volverá a pujar por la jefatura de Gobierno porteño- como parte de aquel juego del enemigo ideal.

Tiempo atrás, a Scioli le bastaba una foto con Macri -la emblemática fue la del verano de 2012, mientras Cristina de Kirchner permanecía en posoperatorio por una intervención en la caródida y el gobernador se entregó a un picado playero contra un Boca que tenía a Macri como número 10- para hacer reverdecer su imagen de kirchnerista no tan K. Pero ahora quien posa seguido con Macri es la Presidente, al punto que el jefe de Gobierno se excusó para no concurrir a un acto en Casa Rosada y mandó en su lugar a María Eugenia Vidal, su vice.

La reacción de Scioli, presuntamente táctica, ahora es confrontar con Macri en momentos en que Cristina hasta bromea -como hizo ayer cuando dijo que por los nombres de los planes Pro.Cre.Ar la acusarán de estar cerca del PRO- sobre un pacto que el porteño desmiente porque su negocio es estar en las antípodas de la Presidente.

En ese ring brumoso, un póker de al menos cuatro, el bonaerense se mueve en los bordes. Hace 10 días incomodó al kirchenrismo al posar en un evento del grupo Clarin con Héctor Magnetto, luego de avalar a un scrum de economistas que lo asesoran como candidato presidencial y son críticos de Axel Kicillof.

Como un reflujo correctivo de aquellos movimientos, ayer retrucó a Macri y exploró un relato inédito en su vocabulario al decir que "hay que terminar con el capitalismo salvaje".

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