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Scioli tienta al PJ con blindar la provincia como táctica nacional
Daniel Scioli, que ayer se despidió de la Legislatura, nombró nuevo jefe de campaña y agitó entre los intendentes y legisladores con el argumento de garantizar la provincia como llave para disputar la presidencia.
Del otro lado del mostrador, el peronismo K toma la misma ecuación con sentido inverso: sólo con un triunfo contundente en la provincia, Cristina de Kirchner podrá en diciembre pasarle el mando a un dirigente de su mismo sello político. Ayer, envuelto en una atípica euforia luego de su último mensaje al Parlamento, Scioli reveló su lado motivador y se paseó entre dirigentes y caciques con ese mensaje: "Dejemos de dar vueltas, tenemos que laburar todos para garantizar la provincia", dijo como preámbulo para decir que ésa es la llave para "ganar la Nación".
Territorios
Julio De Vido, quizá el ministro K que atesora más desprecios hacia el gobernador-candidato, milita en el mismo club: martilla, con sus voz cascada, casi susurrante, que lo primordial es evitar fugas en la provincia y potenciar los distritos para, con el beneficio de que para gobernador no hay balotaje, retener el manejo del Gobierno bonaerense. De Vido, mecenas de Juan Patricio Mussi, debe ilusionarse con un cargo o, como hace años vive en Zárate, la Presidente le agradezca los servicios prestados y lo incluya en la lista de diputados del FpV, una pastilla para dormir sin temor a citaciones y abogados.
Lo paradójico, además de la coincidencia entre Scioli y De Vido, avalada por casi todo el kirchnerismo, es que hasta acá el oficialismo no pudo instalar no un puñado sino ni siquiera un candidato a gobernador como sí ocurre a nivel nacional con Scioli, Florencio Randazzo y, en otro escalón, Sergio Urribarri. Es decir: en el territorio que el pankirchnerismo entiende primordial para apostar a la presidencia o, de mínima, como refugio de supervivencia, no logró instalar un candidato poderoso. Hay, sí, un pelotón de voluntariosos -Mussi, Diego Bossio, Fernando Espinoza, Carlos Castagnetto, entre otros varios- pero ninguno como garantía.
Es cierto que la elección es presidencial y, en ese contexto, la gobernación es una pelea de semifondo que terminará, muy probablemente, traccionada por la nacional. Ese vacío alimenta también, al borde del realismo mágico, la teoría de la Presidente como sucesora de Scioli. "Cristina no tiene necesidad de mostrar su juego todavía: ¿para qué hacerlo ahora? ¿Para avisarle a la oposición?", interpretó anoche un cacique peronista, kirchnerizado, que recurrió a la estadística K de movimientos sobre la hora.
Nuevo CEO
El método de la sorpresa lo conoció, y padeció, Scioli, que parece entender que por delante deberá lidiar con la incertidumbre. Tomó, por lo pronto, una decisión que hacia dentro del universo Scioli tiene alto impacto: convirtió a Alberto Pérez, jefe de Gabinete bonaerense, la espada política que lo acompañaba desde 1997 y fue en estos años su principal escudero y lugarteniente, en jefe de la campaña nacional. La novedad se transmitió, por ahora, en reserva y en estos días terminará de tomar forma cuando Pérez se instale en las oficinas de la Fundación DAR, en Capital Federal, para centralizar el manejo de la campaña y los enlaces políticos.
El dato no es nada menor: hasta ahora Scioli delegó esos oficios en su hermano José "Pepe" Scioli, Santiago Montoya o, entre otros, el senador Alberto De Fazio, y mantuvo afuera a Pérez. Pero al entrar en la recta final, cuando restan tres meses y medio para el cierre de listas para la PASO, pone como su principal operador a Pérez.
El funcionario, nuevo CEO político del producto Scioli 2014, escoltó ayer, junto con Martín Ferré y Franco La Porta, entre otros, a Scioli en las "juntadas" con intendentes y legisladores: una improvisada por Gabriel Mariotto en la Legislatura y otra en la residencia oficial. Entre las dos, reunió casi a los 66 alcaldes que asistieron a la apertura de sesiones en la Legislatura provincial (ver nota pág. 15).
En rigor, Scioli convoca a unirse para garantizar la provincia como un recurso para bloquear cualquier irrupción indeseada de un rival interno, en particular Randazzo, que como experto en el ajedrez bonaerense empezó a agitar su armado territorial. Hoy, por caso, caminará Hurlingham junto a Juan Zabaleta.


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