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Se abren las puertas de par en par para un nuevo avance y récord en Wall St.
¿Qué hacer con un informe de empleo rozagante? Lo que parecería natural no es trámite sencillo para Wall Street. La primera reacción fue un salto de las acciones y una brusca caída de los bonos. Es decir, la respuesta de libro de texto. Pero duró muy poco. Acabó por imponerse, créase o no, la combinación opuesta. El Dow Jones, que el jueves había logrado un cierre máximo histórico, que arremetió con ahínco cuando se difundió el parte laboral, terminó con un pequeño paso atrás (al igual que el S&P 500 y el NASDAQ). Los bonos de diez años, que algo habían olfateado durante toda la semana, se espantaron con la noticia, pero giraron luego sobre sus talones y le sacaron provecho al inflar sus precios a valores que no se observaban desde seis meses atrás (cuando el tapering de la Fed era motivo de grave recelo). La parte media de la curva se retorció como pocas veces. Es allí donde más golpean las decisiones de la Fed. La nota de cinco años se movió a los barquinazos en un rango de 12 puntos base hasta cerrar con un rendimiento rebajado al 1,67% anual. La tasa de 30 años -que supo merodear el 4% a fines de 2013- cayó al 3,37%, nivel que no visitaba desde junio. Una economía más firme en el terreno laboral no alentó a las acciones, pero sí a los bonos. ¿No debía ser al revés? ¿Se sostendrá? ¿O nos espera otra voltereta en el aire cuando lo piensen mejor?
La pregunta pertinente es qué hará la Fed. La conducción de Janet Yellen es una bendición: nadie lee las entretelas del mercado laboral con mayor autoridad. Es su área de expertise. ¿Ajustará la sintonía fina de la política monetaria? No parece necesario. Fue Yellen quien dispuso cambiar la naturaleza cuantitativa de la orientación (el "guidance") de la Fed. Así quitó de escena la referencia a un desempleo del 6,5% como condición previa a una eventual suba de tasas de interés. Lo hizo porque dicho umbral podía perforarse de manera inminente (como ocurrió) y provocar inestabilidad sin justificación (lo que se evitó). Yellen, al sopesar la situación laboral, desplegará un criterio amplio sin limitarse al puñado de indicadores que consagran los titulares de los diarios. En ese sentido, la moderación de los salarios por hora anestesió lo que era un motivo especial de inquietud. Gracias a ello, las tasas de interés cayeron en lugar de trepar. Aunque descuentan que Yellen no mudará su postura, se la escuchará con suma atención, miércoles y jueves, en su doble visita al Congreso.
Ya se dijo aquí que ni la Fed ni la economía eran obstáculo. El terreno está despejado para que Wall Street avance. Y no es Ucrania la que obstruye el camino, no más que la guerra civil que desangra a Siria. Hay piedra libre, pero no existe voluntad de tomar riesgos excesivos. Es la tercera vez que las puertas están abiertas de par en par -la primera con el anterior informe de empleo y la segunda con el balance de Apple- y se prefiere la comodidad del mercado lateral. No fue así, dejando pasar las oportunidades, como se construyó el rally de 2012 y 2013. Responsabilizar a Ucrania es inventar una excusa. Si de veras preocupase, Wall Street no acamparía tampoco en las alturas a la vera de los récords.


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