15 de agosto 2011 - 03:50

Se equivocó Duhalde: dividir las fórmulas opositoras sólo restó

Los discursos de aliento que se escuchaban anoche en los búnkeres de Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde y Hermes Binner no coincidían anoche con los números que mostraban, por debajo de ellos, los videograf de todos los canales de televisión. Costaba entender algún festejo de los candidatos opositores frente a la diferencia que Cristina de Kirchner logró ayer sobre los votos que obtuvieron cada uno de esos opositores.

Al no ser una elección formal sino una primaria que actuó en realidad como encuesta-ensayo de la elección del 23 de octubre, no puede hacerse una relación directa entre los votos obtenidos ayer y los que cada una de las fuerzas podrá mostrar en la presidencial. Pero hay tendencias que se marcaron que aparecen ya como inevitables: revertir los 37 puntos que la Presidente le sacó a Alfonsín requieren de algo más que un cambio de estrategia de campaña.

El resultado de la primaria de ayer cambió de alguna forma todo el panorama de la oposición. El radicalismo está primero dentro de esa lista de candidatos que deberán replantearse el tramo que queda hasta el 23 de octubre.

En la Capital Federal, por ejemplo, el resultado de esa fuerza fue demoledor: la UCR terminó en el quinto lugar, superada hasta por Alberto Rodríguez Saá.

Alfonsín fue también víctima de corte de boleta en distritos donde había cerrado acuerdos con intendentes de peso local. En San Isidro, por ejemplo, sufrió gracias a un clásico. No le sirvió de nada llevar adosada la lista de Gustavo Posse para intendente: como suele suceder, el corte fue demoledor. Ese escenario se repitió en toda la red de municipios bonaerenses que son bastión de intendentes radicales.

Puede no ser una novedad para las costumbres de esos caciques bonaerenses no peronistas, pero esta vez el estilo impactó con más fuerza porque afectó el centro de la estrategia que soñó el radicalismo para estas elecciones. Más cuando le quitó valor agregado al aporte radical en la sociedad con Francisco de Narváez.

Sin duda, la segunda novedad que impacta a la oposición es la situación de Elisa Carrió. En 4 años pasó de obtener el 27% de los votos en el total del país, segunda tras Cristina de Kirchner en la presidencial de 2007, a resignarse a un sexto puesto en la Capital Federal, el distrito que había ganado caminando en ese mismo año.

Interpretar qué le sucedió a cada uno de los opositores que encabezaron listas no es posible desde un solo punto de análisis. Hermes Binner, a pesar de la buena elección que hizo en Santa Fe al superar el 32% con un segundo puesto tras Cristina de Kirchner y de un acto de cierre contundente en la Capital Federal que pareció «ponerlo» como novedad del progresismo (como le sucedió a Fernando Pino Solanas en 2009), no sorprendió a nivel nacional.

Todos, incluidos Carrió, Rodríguez Saá y Alfonsín, parecieron quedar presos de idea que planteó Duhalde para este turno electoral: dividir para «arrancarle» votos por sectores al oficialismo.

Lo que no adivinó Duhalde, ni Binner, ni mucho menos Alfonsín, fue que el traspaso de votos se daría entre ellos. El efecto se dio más con el radicalismo, que nunca logró diferenciarse de lleno de algunas ideas del Gobierno a las que le critica las formas, pero no el contenido.

Ese camino no fue transitado con eficacia por Alfonsín y anoche lo pagó. Sólo Jorge Altamira plantó una bandera. Humilde, con su estrategia de declararse impugnado, logró el piso para seguir a octubre, aunque sin otro panorama que la efímera victoria en la primaria.

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