Es una determinación largamente reclamada por Israel, pero que aísla más a la Casa Blanca de Europa.
Washington - Donald Trump anunciará hoy su esperado veredicto sobre el histórico acuerdo alcanzado en torno al programa nuclear de Irán y todo indica que se negará a "certificarlo", lo que desencadenará una segura reacción negativa del Gobierno de Hasán Rohaní.
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"Es el peor acuerdo", reiteró el miércoles el presidente estadounidense, quien criticó "la debilidad" de la administración demócrata de Barack Obama frente a Teherán.
Al poner en entredicho el tratado, en nombre del interés nacional y su eslogan "Estados Unidos primero", Trump daría un nuevo zarpazo al multilateralismo, tras el retiro de Washington del acuerdo sobre el clima y de la Unesco (ver página 16). Y aunque el Gobierno de Trump hace la salvedad que "Estados Unidos primero" no significa "Estados Unidos solo", Washington se arriesga a quedar aislado pues los otros cosignatarios defienden el acuerdo firmado en 2015 en Viena.
La ley obliga al presidente a "certificar" o no, ante el Congreso cada 90 días que Teherán respeta el acuerdo y que éste es del interés de Estados Unidos. Todo indica que esta vez, el millonario republicano se va a negar a "certificarlo", para máximo beneplácito de Israel, que considera a la República Islámica una "amenaza existencial".
El acuerdo fue logrado por Irán y seis potencias (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania) para garantizar el carácter exclusivamente civil del programa atómico iraní, a cambio de un levantamiento de las sanciones internacionales. La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirmó repetidamente el respeto de los iraníes al compromiso. Pero Trump prometió "destruirlo" porque Irán, dice, es un "Estado paria".
El secretario de Estado, Rex Tillerson, y otras figuras del Gobierno pidieron que se haga una distinción entre ese texto, exclusivamente concernido sobre lo nuclear, y las otras "actividades dañinas" que reprochan a Irán, como el desarrollo de misiles y su papel "desestabilizador" en Medio Oriente, alegado también por el gobierno israelí.
"La amenaza existencial para el mundo es la bomba. El acuerdo nuclear no está ahí para resolver los problemas del Líbano", país en el que Irán influye a través de la milicia chiita Hizbulá, reprochó un diplomático francés, que resumió la fuerte molestia europea con lo sugerido por la Casa Blanca.
Esa distinción empujó a Trump a "certificar" de mala gana el acuerdo iraní dos veces desde que llegó a la Casa Blanca. Pero mañana se espera que presente una "estrategia" más amplia para contrarrestar la influencia iraní en Medio Oriente: ya Washington sancionó su programa balístico, acaba de anunciar nuevas medidas contra Hizbulá y, según versiones, una de las opciones sería designar a los Guardianes de la Revolución, el ejército de élite iraní, como "organización terrorista".
Teóricamente, la decisión de "no certificación" no sepultaría automáticamente el acuerdo, sino que pasaría la pelota al Congreso: los legisladores tendrían 60 días para decidir si vuelven a imponer las sanciones levantadas en 2015. Un regreso a las sanciones sellaría, eso sí, la muerte del acuerdo.
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