22 de enero 2013 - 00:00

Se multiplican recetas de verano para mantener viva la re-reelección

Cristina de Kirchner siguió recorriendo túneles en Vietnam. Ayer le mostraron el búnker antibombardeos debajo del Hotel Metropole de Hanoi.
Cristina de Kirchner siguió recorriendo túneles en Vietnam. Ayer le mostraron el búnker antibombardeos debajo del Hotel Metropole de Hanoi.
La idea que Edgardo Depetri tiene sobre cómo se eligen las sucesiones presidenciales en la Argentina poco tiene que ver con el funcionamiento de los partidos políticos modernos en el mundo, pero al menos sirve para clarificar hasta dónde llegan las ideas del kirchnerismo militante de base, ese que alardea de su lejanía con el peronismo, sobre el futuro mediato. Con brutal honestidad (que en cualquier otro país, o partido, hubiera escandalizado) ayer Depetri pontificó: «Tenemos resuelto el problema de 2015. Para nosotros es Cristina Fernández de Kirchner o cualquiera que diga Cristina Fernández de Kirchner, no tenemos esa dificultad».

Semejante definición de apoyo a la Presidente al mismo tiempo relativizó parte del operativo reformista y reeleccionista que, especialmente ayer, el kirchnerismo relanzó, un poco por tanteo de posibilidades pero en mayor parte por mantener a la tropa disciplinada, obediente y sin pensar en los dilemas que le depara el futuro a esa fuerza.

En el fondo esa definición no hace otra cosa que mostrar claramente que el Gobierno no tiene, o le será muy difícil tener, el número para garantizar la re-reelección de Cristina de Kirchner, pero que está jugado en mantener el poder del dedo divino para designar sucesores.

El propio Depetri le abrió la puerta a alguna chance de Daniel Scioli para esa carrera y le puso el mismo condicionamiento: «Enfrentado a Cristina no es presidente», dijo del gobernador.

¿Depetri significa mucho en este tema? Claramente no, pero es un indicio de por dónde marcha la batucada cristinista y qué preocupaciones la abruman. Sobre todo cuando aparecen nuevos humores complicados en la provincia de Buenos Aires con más reclamo de fondos de intendentes y obra pública suspendida por problemas de caja floja, también en el interior.

Ese ida y vuelta entre el entusiasmo de una nueva candidatura de Cristina de Kirchner, hoy legalmente imposible, y el achique estratégico a reconocer la posibilidad de una sucesión, fue un clásico de este verano. Y no sólo en la costa atlántica, por donde caminaron desde Carlos Kunkel y Julián Domínguez hasta Héctor Recalde, que recaló como todos los años en Villa Gesell (balneario predilecto de abogados laboralistas).

Allí Recalde anunció esta semana que tiene «mil razones» para soñar con una reelección de Cristina de Kirchner, pero de nuevo supeditó todo a la legalidad que exige una reforma previa de la Constitución nacional.

«Algunos dicen que es inconstitucional, obviamente la Constitución no autoriza la re-reelección de la Presidenta. Lo importante es lo que decida el pueblo en su momento y que la Presidenta acepte. Yo votaría a favor por mil motivos porque si el pueblo decidiera hacerlo, la Constitución va a ser justa porque el pueblo lo decidió», dijo el exabogado de Hugo Moyano.

La condición es obvia y todo el kirchnerismo se ajusta a ella: hablar de un tercer mandato sin reforma sería apología del delito, claramente un acto de violación institucional, como el que intentó Carlos Menem con las múltiples interpretaciones sobre su primer mandato que terminaron enterrando su sueño reeleccionario.

A ese coro se sumó ayer Julio De Vido. El ministro, menos sutil que algunos nuevos kirchneristas pero en general más efectivo, no puso en duda el nombre: «Los tiempos los marca la Presidenta. Vamos a generar todas las condiciones para tener un rotundo triunfo en las elecciones de 2013, que le permita a Cristina tomar las decisiones que tenga que tomar».

Lo dijo en Villa Lía, en San Antonio de Areco, donde fue a inaugurar obras, entre ellas desagües, cordones y un edificio universitario.

«Hoy nuestra candidata es Cristina, en su momento ella decidirá», insistió De Vido ratificando esa opción que repite el kirchnerismo hasta el cansancio: o es la Presidente o es su dedo el que decide.

Ante la letra de la ley, no hay declaracionismo que habilite una reforma constitucional. Hace falta dictar una ley que declare la necesidad de la reforma estableciendo allí taxativamente los artículos a modificar, y para eso el Gobierno debe reunir el voto de los dos tercios de los miembros del Senado y Diputados.

Sólo el radicalismo podría aportarle a Cristina de Kirchner, como lo hizo con Menem, el número para la reforma. Ayer, Miguel Bazze, UCR bonaerense, volvió a cerrar ese camino, algo que ya había hecho Ernesto Sanz cuando sumó firmas en el Senado para desbaratar cualquier cálculo sobre los dos tercios: «Los radicales aseguramos que nos vamos a oponer de manera terminante a una reforma cuyo único fin es la re-reelección de la Presidenta», dijo Bazze, aunque no todos los radicales piensan lo mismo sobre una reforma constitucional con o sin reelección incluida.

Rubén Rabanal

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