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Se necesita mejorar mucho
No por ello, el rugby necesariamente es un deporte complicado. Requiere de un alto nivel de concentración para asegurar que funcionen las técnicas y tácticas planteadas, que las combinaciones puedan ser justamente eso, una acción con consecuencia directa.
Lo visto el pasado sábado desde Salta no fue justamente un trabajo combinado, más bien el desempeño de Los Pumas dentro de un marco de individualidad no acorde con las expectativas que de por sí crea el mejor seleccionado nacional. Después del cierre, bajo, del seleccionado argentino en el último partido de 2012, Santiago Phelan había planteado buscar en este 2013 una regularidad en el juego.
El comienzo de este 2013 que tiene agendados otros once test-matches, todos de alto nivel, no fue bueno. La derrota contra un equipo inglés con muchos jugadores nuevos en este nivel en ambos equipos fue una dura señal de alerta para el seleccionado argentino. No sirve acá la excusa de que los mejores jugadores que se desempeñan en Europa no estaban disponibles para jugar para el equipo argentino. Fue el juego que no estuvo en Salta y eso es lo preocupante más allá de los nombres.
La estadística del line fue indicativa del nivel de concentración, certeza y eficiencia de Los Pumas. Con dos hookers distintos (García Veiga y Postiglione) y variación en los saltadores (Farías, Macome, Galarza, Lozada), Inglaterra pudo adueñarse de las alturas tanto por capacidad propia como por errores argentinos. Esa formación, que requiere de trabajo fino, fue indicativa de lo mucho que no anduvo.
La premisa básica del rugby es obtener el balón y luego sí elegir los mejores caminos del ataque. Sin balón, no hay ataque. Sin ataque, no se pueden marcar puntos. Ésa podría ser entonces una de las síntesis de la derrota argentina, la más dura contra el equipo de la rosa que eligió jugar de bordó en Salta en vez de su habitual blanco tiza.
Fue un contundente 32-3 que podría haber sido mayor de no haber sido por la incapacidad inglesa para cerrar jugadas de ataque y las fallas argentinas en ataque que no produjeron puntos -el fino pateador Martín Bustos Moyano, cuando finalmente tuvo su chance en el equipo nacional, desperdició nueve puntos que en su club, sin tanta presión seguramente, hubiera convertido sin problemas-. Más allá de que durante períodos se intentó quebrar la defensa del visitante con más ganas que ideas, no fue mucho lo que calentó el alma.
El que sí volvió a desafiar pronósticos y edad fue el capitán Felipe Contepomi. Ya no queda nadie de su generación y junto a su excompañero Brian O'Driscoll, los únicos que debutaron internacionalmente en los noventa.
Mostró que a pesar de los años, siguen pudiendo hacerse cargo del equipo. Pero no alcanzó y es mucha la mejoría necesaria en esta semana.


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