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“Se olvida que San Martín fue también un gran gobernante”
Camogli: «Además de militar, San Martín fue un político al que le tocó gobernar la provincia de Mendoza. Su modelo económico productivo fue novedoso para la época y, por lo general, se habla muy poco de eso».
Periodista: ¿Qué lo llevó a revisar la epopeya sanmartiniana del cruce de los Andes?
Pablo Camogli: Mi interés por esta etapa histórica está desde mi primer libro, «Batallas por la libertad». La figura de San Martín me atrajo desde muy chico; leí los libros que sobre él escribieron Mitre, Otero, Levene, y después, de adolescente, comencé a consumir todo lo que fuera temática sanmartiniana. En 2004, por un trabajo de mi mujer, nos mudamos a Mendoza, y estar allí, en el escenario donde se formó el ejército que cruzaría a Chile, fue muy movilizante. En «Nueva historia del Cruce de los Andes», cuento que intenté cruzar la cordillera un enero, en un auto muy viejito, y tuve que volverme por una tormenta. Esa experiencia me incentivó. Pensé: si yo no puedo pasar en enero, en una ruta asfaltada, ¿cómo hizo San Martín y los que lo acompañaban hace 200 años? Mendoza me ofreció los escenarios de esa epopeya, y mucha información que me permitió saber sobre la región de Cuyo en ese momento.
P.: ¿Cómo era Mendoza a comienzos del siglo XIX?
P.C.: Una sociedad conservadora, sumamente tradicionalista, que había vivido durante toda su etapa colonial muy aislada. Estuvo dependiendo de Chile hasta 1776. Eso la dejaba cinco meses al año sin contacto con la capital, porque la cordillera permanecía cerrada. Después, cuando es incorporada al Virreinato del Río de la Plata, todavía no tiene mucha relación con el litoral y con el norte, que eran regiones más dinámicas en términos económicos. Mendoza se fue formando de forma muy autónoma, muy independiente, con una autosuficiencia económica, pero muy precaria, muy rudimentaria, con escasísima diversidad productiva. Apenas tenían los vinos y aguardientes que no comercializaban demasiado, y el ganado que lo vendían a Chile. Era una sociedad y una economía que llevaba a encontrarse con la nada, en términos militares lo mismo. Cuando San Martín llega como gobernador de Cuyo, la única fuerza militar que tiene son los 29 blandengues que están en el Fuerte de San Carlos, en la frontera con los pueblos originarios. Fue interesante arrancar desde esa perspectiva. Mostrar cómo era Cuyo, para entender que San Martín llegó a un lugar donde no podía contar con nada, había que hacer absolutamente todo. Y eso sirve para dimensionar la obra que allí realiza.
P.: ¿Es cierto que San Martín llega enfermo?
P.C.: Siempre tuvo problemas de salud. Consumía mucho opio, y eso llegó a ser problema de Estado. Hay una carta de Pueyrredón de Tomás Guido en la que le dice que cuide a San Martín porque está consumiendo mucho opio. San Martín había tenido una vida agitada, a los 11 años estaba peleando en el regimiento de Murcia, a los 13 peleando contra los moros en el África, combatió contra los franceses, contra los ingleses, tuvo varias heridas de guerra en España, era un cuerpo que estaba bastante achacado. Pero cuando llega a Cuyo en 1814 está en la cresta de la ola, y en 1816 y 1817 va a llegar al lugar más alto en términos políticos en el Río de la Plata, su peso en el Congreso de Tucumán va a ser importante, fuertísimo. Después, si bien llegó a ser el Libertador del Perú, eso a nadie le importaba en el Río de la Plata. En la etapa de Cuyo está en su mejor momento como persona, puede tener una vida familiar. Y en el contexto de la Revolución comienza a tener poder e influencia en las decisiones políticas, además de su evidente importancia militar, dado que es el hombre más capacitado en ese aspecto que tiene la Revolución. En 1814, San Martín ya tiene la mirada puesta en el cruce de los Andes como resolución táctica de problemas estratégicos para derrotar a los Realistas. Tiene en claro ya que el Alto Perú no es el camino para lograr la independencia, el poder central va a tardar dos años más en darse cuenta de eso, y cambiar la estrategia.
P.: ¿Ese estar muy bien se transmite a su labor de gobernante?
P.C.: A veces se olvida que, además de militar, fue un político que le tocó gobernar una provincia. En Mendoza fue un gran gobernante. Supo establecer prioridades fundamentales. Todos los ramos del presupuesto de Cuyo se redujeron para colaborar en la guerra, menos el de educación, que él hace que se mantenga igual. Le escribe un bando a los docentes cuyanos donde hace un planteo filosófico en torno a la necesidad de inculcar valores vinculados con la unidad de América, la importancia de la Revolución, la emancipación, la libertad, cuestiones realmente revolucionarias para la época, más aún cuando son decisiones prácticas de un gobernante.
P.: ¿Cómo se mostró ese ideario en el manejo económico?
P.C.: Necesitó montar un modelo económico productivo que le permitiera crear el Ejército de los Andes. En los rasgos de ese modelo económico se puede descubrir el posicionamiento político económico de San Martín. Plantea una economía de desarrollo, de pleno empleo, de diversificación productiva, de incentivo a las industrias. Amplía las zonas de cultivo mediante los canales de riego que se construyen, intensifica la ganadería, le da fuerte apoyo a la minería, a la creación de talleres para el arsenal, y va cada tanto a la fábrica de telas. Su idea de pleno empleo es permanente. En 1816 su fábrica de pólvora necesita materias primas para realizarla, y se las pide a Buenos Aires, que se las niega. Le ofrece directamente la pólvora, de la que habían traído montones de Montevideo. San Martín insiste en que quiere materia prima, no el producto terminado. Esto pone en evidencia que lo que quiere es mantener a los 20 operarios que están trabajando en la fábrica de Cuyo, que planeaba fuera permanente y diversificara su producción. Como gobernante San Martín regula las relaciones entre patrones y empleados, obliga a pagar el salario como corresponde, y a entregarles un uniforme para que puedan ir a la milicia. El modelo económico productivo de San Martín fue novedoso para la época, y, por lo general, se habla muy poco de eso.
P.: ¿Esas ideas tienen que ver con que era miembro de una logia?
P.C.: Su participación en una logia tiene que ver con una articulación política más que con un modelo ideológico a seguir. La logia está integrada por una diversidad de personas que no tiene objetivos comunes, más allá del de lograr la independencia, fuera de eso cada uno tiene una idea propia de cuál debe ser el camino de la Revolución. De hecho San Martín acaba enfrentado con muchos miembros de la logia, y en 1819 desobedece la orden de la logia de que los ejércitos del Norte y de los Andes bajen al litoral para luchar contra las masas federales. Él no permite quedar atado a cuestiones que le impidan avanzar en la independencia de América. Todo va a quedar supeditado a ese gran objetivo. «Primero ser, y después veremos cómo», le escribe a Tomás Guido.
P.:¿Eso es lo que le va a crear problemas en el futuro?
P.C.: El lograr la independencia de América está muy claro en las decisiones que va tomando a lo largo de su carrera como funcionario y como militar. En Cuyo todos los recursos tienen que estar supeditados al Ejército de los Andes, pero no porque el objetivo sea la batalla de Chacabuco sino porque es el primer paso para ir a Lima, que es el paso siguiente para terminar de derrotar a los Realistas. Trabaja permanentemente en ese sentido, y por esa autonomía se dice que él y su ejército son de soberanía flotante, que no representan a ningún país sino a todos.
P.: ¿Tiene alguna sospecha de lo qué ocurrió en Guayaquil?
P.C.: Creo que cuando los dos grandes libertadores de América se sentaron a dialogar, pusieron sus cartas sobre la mesa. Bolívar tenía el ancho de espadas, y San Martín un cuatro de copas. ¿Qué tenía San Martín como apoyo político? Era cuestionado en Perú, donde le matan a Monteagudo, en el mismo momento que habla con Bolívar. En Chile OHiggins tambalea. En la Argentina no hay poder, no hay una unión de provincias como antes. Tiene problemas en el ejército, sobre todo con Las Heras. No tiene una base de sustentación política que le permita decir: tengo todo esto de mi lado. En cambio a Bolívar el Congreso de la Gran Colombia lo nombró presidente, lo designó libertador y lo conminó a terminar la campaña de la independencia. Si en términos militares estaban en situaciones parecidas por cantidad de soldados, había ver quién unía los dos ejércitos. Y San Martín no podía ponerse bajo el mando de Bolívar. Los soldados de aquel que quedara abajo en el mando se iban a sentir menoscabados. Y San Martín una vez más aplica el sentido común. Con la cartas sobre la mesa se da cuenta de que quien tiene la mejor mano es Bolívar, y con su típica humildad se retira, sabiendo que Bolívar iba a terminar la guerra sin dificultad, y que coinciden desde el punto de vista ideológico.
Entrevista de Máximo Soto


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