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Se rinde el hombre de Obama para la región
Arturo Valenzuela
El Gobierno argentino recordará bien al saliente subsecretario para América Latina. En su primera visita en funciones, en diciembre de 2009, lanzó aquello de que empresarios le habían transmitido quejas por la «inseguridad jurídica» en el país.
No era lo que la embajada deseaba transmitir en público. El ruido retórico, siempre latente, entre Washington y Buenos Aires era a todas luces indeseado para el Departamento de Estado, que aspiraba a no sumar issues alborotadores a una agenda que, según demostró WikiLeaks, había tenido sus aspectos colaborativos entre las administraciones Kirchner y George W. Bush.
Es por ello que la delegación norteamericana armó varios escenarios para desandar el camino, y Valenzuela no volvió a decir nada relevante sobre la Argentina hasta hace un mes, cuando, en un encuentro sobre la prensa, se preocupó por un bloqueo sindical a un diario.
Ello no quiere decir que Valenzuela no haya dicho lo mismo que la embajadora Vilma Socorro Martínez y sus predecesores habían escrito en sus informes a Washington. WikiLeaks dio sobradas muestras de ello.
Enfrascado en la agenda de Medio Oriente, China, Corea del Norte, Rusia y los musulmanes, Obama miró poco y nada a América Latina en 28 meses de mandato.
Con los enemigos regionales de la era Bush (Cuba, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Ecuador), las relaciones siguen igual de chispeantes, y en algún caso, peor. Con los amigos, como Colombia, el TLC permanece estancado y las bases conjuntas, en veremos. Aun antes de asumir formalmente, Valenzuela llevó el expediente del golpe de Honduras, pero la postura de EE.UU. no satisfizo a unos ni a otros. Cuando tuvo lugar aquello de la «inseguridad jurídica» argentina, la explicación que deslizaron algunos fue que Valenzuela había hablado con la pericia de un profesor universitario y no con la de un político.
Había sido decisivo para su nominación su paso como asesor para América Latina de Bill Clinton, y el pergamino de ser hijo de un pastor protestante exiliado del pinochetismo, Dos años fueron suficientes. Lo espera la cátedra de Ciencias Políticas.


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