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Se va el Papa tras navegar “mares embravecidos”
Benedicto XVI recibió muestras de afecto en San Pedro. Su discurso fue cálido, pero no exento de frases de significado severo que caracterizaron toda su vida como cardenal y Papa.
En una inusual muestra de efusividad del público para un hombre sumamente reservado, el líder católico aludió a los momentos más complicados de su papado, asediado por escándalos de abusos sexuales, filtraciones de documentos privados e informes sobre disputas entre sus asesores más cercanos. "Gracias, estoy muy conmovido", afirmó ante una multitud de más de 150.000 personas congregadas en la Plaza San Pedro, un día antes de convertirse en el primer Papa en renunciar en más de seis siglos.
Afirmó que tenía mucha confianza en el futuro de la Iglesia Católica, que su decisión de renunciar fue tomada pensando en el bien de la institución y pidió a los fieles que recen por los cardenales que elegirán a su sucesor en momentos de crisis. El Vaticano sostuvo que el discurso, interrumpido varias veces por los aplausos y gritos de "Benedicto, Benedicto", fue el último emitido por el Pontífice, que desde hoy por la noche ostentará el título de "Papa emérito".
"Hubo momentos de alegría y luz, pero también momentos que no fueron fáciles. Hubo momentos, tal como se han sucedido en la historia de la Iglesia, en que los mares estuvieron embravecidos y el viento sopló en contra, como en toda la historia de la Iglesia, cuando pareció que el Señor estaba durmiendo", manifestó.
"Di este paso en completa conciencia de su gravedad y rareza, pero también con profunda serenidad", reveló. Amar a la Iglesia significó "tener el coraje de tomar elecciones difíciles y angustiosas, siempre teniendo en mente el bien de la Iglesia y no el de uno mismo", sostuvo el Papa. A pesar de su paso al costado, indicó que no está "bajando de la cruz", sino que permanecerá al servicio de la Iglesia a través de la oración.
"Un Papa no está sólo en la barca de Pedro y por esto quiero dar las gracias a todos los que me han acompañado. Nunca me he sentido sólo para cargar las alegrías y el peso del ministerio petrino", remarcó el pontífice saliente.
La renuncia del Papa marca un precedente en la historia de la Iglesia católica moderna y al mismo tiempo obliga a su sucesor a encarar los retos de la milenaria institución para generar un impulso modernizador y pesar en el mundo globalizado, como representante de 1.200 millones de católicos.
"Quisiera que cada uno de ustedes sintiera la alegría de ser cristiano, de ser amado por Dios, que ha sacrificado a su hijo por nosotros", escribió en la red social Twitter al término de la audiencia, en el que podría ser su último contacto virtual.
La última jornada del Papa, que concentra la atención del mundo, no será agitada. El jefe de la oficina de prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi, fue el encargado de detallar las actividades papales del histórico 28 de febrero.
En automóvil y alrededor de las 16,55 locales, Benedicto XVI irá desde el patio vaticano de San Damaso al helipuerto. Recibirá entonces el saludo del cardenal decano Angelo Sodano y, a las 17, a bordo del helicóptero, partirá hacia la residencia apostólica de verano de Castelgandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma. Llegará a ese palacio apostólico alrededor de las 17,15 y será recibido por las autoridades locales, con el alcalde y el párroco. El saludo a la diócesis, que será el último acto de Ratzinger como Papa, se realizará aproximadamente a las 17.30. Y a las 20, hora en que habitualmente siempre deja de trabajar, caerá el telón sobre el Pontificado del papa alemán, para el que fue electo el 19 de abril de 2005, cuando sucedió al carismático Juan Pablo II, fallecido tras casi 27 años en el trono de Pedro. Mañana empezarán las llamadas "congregaciones", es decir las reuniones previas al cónclave en las que los cardenales empiezan a definir el perfil del nuevo Papa. Según la prensa italiana, el cónclave podría empezar el 10 o el 11 de marzo.
Agencias ANSA, Reuters, EFE, DPA y AFP


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