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Sedujo Antunes Filho con su “Policarpo”
Antunes Filho es un puestista que valoriza el juego teatral por sobre el texto dramático. Sus actores generan climas y situaciones mediante desplazamientos grupales tan cambiantes como figuras de un caleidoscopio.
El patriarca del teatro brasileño -con más de cincuenta años de trayectoria internacional pero casi un desconocido en nuestro país- sedujo al público porteño con su dinámica adaptación escénica de la novela «O Triste Fim de Policarpo Quaresma», de Lima Barreto, publicada originalmente en 1911 como folletín.
José Alves de Antunes Filho (también dramaturgo y cineasta) es un puestista que valoriza el juego teatral por sobre el texto dramático. Sus actores vibran en el espacio con una vitalidad extraordinaria, trabajan con todo el cuerpo y son capaces de generar climas y situaciones mediante desplazamientos grupales tan cambiantes como figuras de un caleidoscopio.
De las dos obras que presentó en su primer desembarco en la Argentina, (la otra fue el musical «Lamartine Babo» con el que se inauguró una nueva sala en el Centro Cultural San Martín) «Policarpo Quaresma» es la que mejor resume el saber teatral de este inquieto director de origen paulista y en la que mejor se pudo apreciar algunas de las influencias que recibió en su larga y prestigiosa carrera.
El teatro de Bertolt Brecht y Tadeuz Kantor, la danza Butoh de Kazuo Ono y el expresionismo alemán aportaron algunos ingredientes a este violento tramo de historia brasileña que gracias a su entrañable protagonista adquiere hoy una gran vigencia, al menos en lo que respecta a Latinoamérica.
Policarpo Quaresma es un gran idealista que lucha por la consolidación y el progreso de la nación brasileña en distintas áreas (cultura, agro y ejército) durante el gobierno de Marechal Floriano Peixoto (1891 y 1894), pero en el camino es arrasado por el conservadurismo retrógrado, la ambición de poder y la corrupción de los políticos y el brutal atropello a los derechos humanos. Aun tratándose de un personaje de ficción, en ocasiones tan cómico como el Quijote o tan patético como Woyzek (pese a su espíritu filantrópico y emprendedor), Policarpo es una figura de gran peso político dentro de la obra. Sus delirios (entre ellos el de reemplazar el portugués de los conquistadores por la autóctona lengua tupí) provocaron risas en la platea, pero su trágico final fue recibido con cierta desazón antes de que estallase el aplauso.
Si bien algunos detalles de la historia se perdieron, por la falta de subtitulado electrónico, el espectáculo fue disfrutado sin pausa gracias a la elocuencia de las actuaciones, al creativo uso de máscaras, muñecos, máquinas inventadas, sillas e instrumentos musicales, y al sorprendente manejo del espacio, el movimiento y el color de Antunes Filho y su compañía.


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