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“Seguiré estudiando qué son peronismo y kirchnerismo”, se despidió embajador
El cineasta Juan José Campanella, el embajador español Rafael Estrella, Ricardo Darín y el ministro macrista Hernán Lombardi, animadores de una noche de embajada con cine, música, promesas de amistad eterna y, sobrevolando, la puja Gobierno-YPF.
Como le sobra tipo al exdiputado por Granada, mantuvo el tono hasta el final. En el discurso que dio el martes en los jardines de la embajada hasta se permitió cierta dureza dialéctica cuando reconoció que en los años de embajador, trató de entender qué era el peronismo y el kirchnerismo. «Admito que voy a tener que seguir estudiando, porque además, cambian siempre las reglas». Deberá en ese posgrado en peronismo que prometía hacer, analizar la afirmación del expresidente Ramón Puerta quien ha dicho que la única condición que se exige en ese partido es decirse, autoproclamarse peronista. «Basta con que una persona le diga a otra sos peronista para serlo: quien lo escucha, le cree; quien lo dice, se lo cree».
Es lo máximo que se permitió Estrella en lo político, pero hizo dirigir las miradas hacia Antonio Gomiz, country mánager de Repsol quien, descorbatado como la mayoría de los invitados, se pasó la noche recibiendo apretones de mano y frases de resignación como «¡Suerte!»; pensaban todos en la enojosa reunión del directorio de la empresa que enfrentaría ayer. Aunque el entuerto sobrevoló toda la noche, los expertos guardaban silencio y no era tema para desconocedores; apenas algunas frases de resignación entre los interesados, como que no haya una mesa en la que discutan la empresa y el Gobierno o que circulen pedidos de que se haga una refinería en el país cuando el costo de esa inversión -tomando el valor de otra que se hace en España- supera los 5.000 millones de euros. Pero todo en sordina.
Lo demás fue literatura, o sea celebraciones de ese nuevo ciclo de amistad entre los dos países que se abrió hace una década y que desmiente aquella afirmación de Jorge Luis Borges según la cual en la Argentina el gusto por lo español es un gusto adquirido.
El premio que le dieron a Juan José Campanella, apellido italiano pero que chapeó con un abuelo español, quiso ser el emblema de ese enlace novedoso entre argentinos y españoles. «España parece una provincia argentina, y la Argentina una provincia española», dijo el director de «El hijo de la novia», para quien fueron todos los homenajes. Lo rodeaban, y les agradeció, rubros que trabajaron en sus películas y otros representantes de la farándula cinera y teatral, empezando por Ricardo Darín, su actor fetiche, que descubrió en el exdiputado Jesús Rodríguez -el «Gallego» para sus amigos- como contertulio para escucharle el relato de una reunión que venía de tener Jesús con el expresidente Ricardo Lagos.
Del «campanellismo», todos, desde sus productores Jorge Estrada Mora y Ricardo Freixá, a libretistas como Juan Pablo Domenech, que empuja un proyecto como director, y sus actores: Norma Aleandro y todo el padrón de intérpretes que trabajan a dos orillas: Federico Luppi, Gabriel Corrado, Leo Sbaraglia, Eduardo Blanco, Mercedes Morán, Mario Pasik, Cecilia Rosetto, Germán Krauss, Cristina Alberó, Marta González y -no es actriz sino modista- una reaparecida, Elsa Serrano.
El homenaje a Campanella incluyó clips de sus películas y un adelanto del proyecto más caro que lleva adelante, el filme de animación computada «Metegol», una coproducción que intenta terminar a fin de año. Saludó esa iniciativa el embajador Estrella, quien dijo que todos sabemos que se llama en realidad «Futbolín». En el cruce de discursos, Campanella festejó el progreso en las buenas relaciones y contó que cuando estrenó en España «El hijo de la novia» distribuían entre los espectadores un papelito con la traducción al castellano de los argentinismos que se usaban, como por ejemplo «guita». Lo paró Estrella: «Guita se usa en Andalucía también». Allí también las patatas son papas. Las referencias futboleras animaron ese cruce. Como otro clip exaltaba, obviamente, a Lionel Messi, que venía de hacerle a Granada -club de la ciudad de donde viene Estrella- tres de los cinco goles del Barcelona. No se quedó callado el embajador para recordar que el equipo del cual es hincha, el Real Madrid, va primero y cómodo en la liga, por más Messi y Barcelona que haya.
Casi nadie de la política, salvo el «Gallego» Rodríguez, que está en la tour de promoción de su libro «El caso Chile», en el cual cuenta una historia apasionante y hasta ahora casi secreta y que conoce como pocos: la colaboración de la Argentina con la oposición de ese país contra el régimen de Augusto Pinochet. El otro político, y que pasó varias veces por el micrófono, fue el ministro cultural Hernán Lombardi, que venía de Francia también de agitar libros en la Feria de París, entre ellos la edición del legendario «Libro Gordo de Petete» para lo cual invitó al viaje a otro español, su autor Manuel García Ferré. Lo saludó desde el micrófono Campanella, quien reveló que en los próximos días habrá anuncios importantes de algo que harán el Gobierno porteño y la Academia de Cine que preside el director de «El mismo amor, la misma lluvia». No dieron detalles.
Se entusiasmó Lombardi ante quien quisiera escucharlo con la apertura de un nuevo centro cultural en una fábrica abandonada que puede ser el escenario en diciembre próximo de la actuación de la New Orleans Jazz Band que anima Woody Allen. Esta actuación estaba prevista para este fin de semana, pero lo postergaron desde Estados Unidos sin dar explicación. El cuento pega con la sede de esta fiesta porque Woody Allen ha producido sus últimos filmes con una empresa de ese país, Mediapro, del catalán Jaume Roures, un vetero-comunista que se dio el lujo de poner una película en el Oscar («Midnight in Paris» ganó en el rubro Mejor Libreto). Ese grupo creció de la mano en negocio de televisar el fútbol amparado por el Gobierno de Zapatero. Al hispánico modo capotó con el socialismo que se fue. Ha entrado en picada, le debe a medio mundo, debió cerrar el diario «Público» -que se llegó a vender en Buenos Aires y del cual se dijo pudo tener alguna relación monopólica- y puede haberle demorado algunos proyectos a Allen.
La noche avanzó con música que aumentaba en volumen, pero resistían los corros que se ponían ansiosos porque demoraba la bandejeada, con tanto discurso y clips en la pantalla grande. Campanella había pedido desde el micrófono jamón serrano, pero el anfitrión moderó la expectativa: «Ahora viene la tortilla», respondió. Estrella ya había contado del exorcismo de la mañana, oficiado por una funcionaria de la embajada, para ahuyentar la lluvia que había amenazado todo el día. «Hizo tres cruces con sal y amenazó con excomunión a quien las tocase», explicó el embajador; «Y aquí tienen el resultado: no llueve».
El ex INCAA de la Alianza, y en el último turno electoral postulante a una banca por el ARI, José Miguel Onaindia, decía haberse despedido de la política para concentrarse en su tarea de abogado en Buenos Aires y Montevideo. Su rol cívico lo limitará por ahora a su participación en el grupo de «intelectuales» que confronta con la kirchnerista Carta Abierta. Recogía saludos el «Tano» Guillermo Ambroggi, de la Cámara de Comercio Argentino-Española, uno de los pocos empresarios presentes en una fiesta nutrida de artistas y damas de alta gama, las únicas que bailaban en un intento de hacer danzar a algún varón. Pero era martes y los varones son demasiado estructurados.


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