Selección Sub-20: triste y previsible final

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Un viejo adagio dice: «Quien mal anda mal acaba», y la Selección juvenil terminó perdiendo ante Colombia y finalizó última en el hexagonal final del Sudamericano. Torneo en el que ganó un solo partido (frente a Perú 2-1, selección que se fue del torneo sin un punto) y aunque empató muchos partidos (la primera ronda terminó invicto), nunca tuvo un rendimiento ni siquiera discreto y dependió de la habilidad de Eduardo Salvio como única arma ofensiva.
Es cierto que a Batista le negaron al hábil Pablo Piatti del Almería y al grandote Franco Di Santo del Chelsea y que tampoco pudo contar con Javier Pastore, negado por Huracán, ni Mateo Musacchio y su reemplazante Ignacio Fideleff, los dos por lesión. Pero este equipo no tuvo brillo, presentó dos arqueros muy inseguros (posiblemente a Ojeda le jugó en contra una inoportuna lesión). Una defensa pesada y que dio ventajas infantiles, sobre todo por el centro, donde Batista nunca encontró la zaga central. Un mediocampo que también decepcionó, porque Benavídez y Zuculini nunca se complementaron, y los tres que tenían la tarea de crear (Bella, Velázquez y Gaitán) fueron irregulares en su funcionamiento y ninguno intentó hacerse eje del equipo.
En la ronda final no ganó un solo partido y aunque sufrió con Brasil un arbitraje desfavorable del uruguayo Prudente, fue menos que todos y por eso terminó último.
Un equipo que pasará a la historia, porque después de seis títulos mundiales y siendo el actual bicampeón, la Selección argentina no estará en el Mundial Sub-20 de Egipto. Un triste y previsible final y un gran retroceso para nuestro fútbol.

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