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Senado desnudó al PRO, a radicales y a Michetti
Esa cámara, mucho menos piadosa que Diputados a la hora de esconder inexperiencias, desnudó los problemas del PRO para manejarse casi en soledad con sus tres bancas en medio de opositores y oficialistas, pero también una crisis en la relación entre el radicalismo y el macrismo y en la forma en que personalmente Gabriela Michetti deberá moverse en el futuro dentro y fuera del recinto.
Los radicales, hasta ahora, tuvieron una convivencia más que pacífica con el PRO en el Congreso. Votaciones y acuerdos conjuntos fueron la regla, hasta que algunos dirigentes de UNEN y de la propia UCR comenzaron a alentar un acuerdo con Mauricio Macri.
Desde ese momento cambió todo. Gerardo Morales, el radical jujeño que acusó a Michetti en el recinto de un pacto con Miguel Pichetto para cederle un sillón clave (por el voto) en la comisión de Derechos y Garantías, no está entre los fanáticos de ese acercamiento. De lo contrario o no hubiera lanzado la acusación o simplemente lo hubiera tanteado antes con Michetti. Que se comience a quebrar la armonía entre UCR y PRO en los recintos no es un tema menor. El miércoles pasado lo que menos desnudó la acusación en el recinto fue un pacto PRO-kirchnerismo. Si existió, además, tuvo frutos mucho más jugosos en todos los acuerdos inmobiliarios entre el Gobierno porteño y la Nación, que en la discutida (hasta entre kirchneristas) estatización de la endeudada Universidad de Madres de Plaza de Mayo.
La puesta en escena demostró, además, que Michetti está demasiado sola en el Senado, una cámara que no maneja, y que quizás no consulte demasiado ni siquiera con Diego Santilli.
El problema, entonces, fue del PRO y también de Michetti. El Senado desnuda debilidades, complica u obliga a una velocidad que Diputados a veces no exige. La falta de cobertura que da el grupo pesa en este caso. No podremos saber ahora si Michetti se manejaba con mayor destreza en Diputados o si la cobertura que le daba el jefe de bloque, Federico Pinedo (a quien se podría haber consultado la cuestión sobre las implicancias de renunciar a una comisión), la eximía de algunas incomodidades.
Pero hay reglas que se aplican a todas las cámaras en el Congreso. En primer lugar no se dejan lugares en política. No hay incomodidades aceptables en ese ejercicio: a un peronista nunca se le deja un lugar vacío en una comisión. Quizás el PRO se confió pensando que la candidez que muestran a veces los radicales en las negociaciones, podría extenderse a las conductas de, por ejemplo, Pichetto a la hora de ocupar territorios. Ese fue el error que cometió Michetti. Como dijo Raúl Alfonsín, "a hacer política (y otra actividad que aquí no mencionaremos) se aprende de chico".
En el Congreso no es usual que al PJ, al que le sobra de todo en todos los recintos y comisiones, algún bloque opositor le ceda algo.
El problema es que Morales, por estos días, también debería provocar tanto temor como Pichetto cuando opera comisiones. El radical está en pelea interna dentro de la UCR y de UNEN y Macri se cruza en medio de esa lucha en la que Julio Cobos sigue echando fuego contra el PRO, Ernesto Sanz hace equilibrio y Elisa Carrió presiona.
El peligro lo reconoció la propia Michetti en el recinto: "¡Evidentemente tienen mucha gimnasia en estas cosas, pero a mí no se me ocurre..!", le dijo al radical enfurecida por la acusación de pacto oculto. Está claro que quizás a la senadora aun no le explicaron que para sobrevivir en el Senado hay que tener mucha gimnasia.


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