A través de Miguel Pichetto, el justicialismo quiere dejar atrás la fractura que provocó Cristina de Kirchner para pelear con el massismo el apoyo de gremios unificados.
“Compañero”. El jefe de la bancada del FpV en el Senado, Miguel Pichetto, aceptó ayer los cambios que planteó la CGT ante la mirada de Héctor Daer (CGT) y los funcionarios Jorge Triaca y Mario Quintana.
El reacomodamiento de piezas post kirchnerismo dejó un botín preciado para oficialismo y oposición: la CGT unificada, tras años de las filiales Moyano y Caló. Para el peronismo actual, aún a la deriva y en busca de un líder, no cerrar filas con un gremialismo reconvertido ahora en un poco más serio -es decir, que habla el mismo idioma que el Presidente a la hora de cerrar acuerdos- es un pecado.
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Incluso, el justicialismo debe apretar todavía más el acelerador para no quedar detrás del massismo, que con picardía absorbió a sindicalistas y les cedió casilleros en el Congreso. El debate en el Senado para cambiar la ley de riesgos del trabajo, frenada el jueves pasado por la CGT y avalada ayer tras cambios consensuados con Macri, fue aprovechado por el ala peronista del Frente para la Victoria para retomar la unión civil con la central gremial.
"El Senado nunca más se va a divorciar de los trabajadores. Si hay aval de la CGT, nosotros vamos a seguir avanzando para enriquecer el proyecto y lo vamos a acompañar en el recinto. Si ustedes tienen una mirada favorable con los cambios que se hicieron en los últimos días podemos avanzar en el dictamen", sentenció el jefe de la bancada del Frente para la Victoria en el Senado, Miguel Pichetto (Río Negro).
"Las ART están quebradas desde que la Corte Suprema de Justicia reinstaló la responsabilidad civil en las indemnizaciones, lo que liquida a las aseguradoras de trabajo. Si hay una indemnización tarifada, el sistema funciona y hay un monto límite. Pero si esa vía es jaqueada por la civil, estamos liquidados", manifestó Pichetto.
Sin embargo, el rionegrino gatilló un panorama sombrío a la Casa Rosada no sólo sobre los objetivos macristas en cuanto a dinamitar la denominada "industria del juicio", sino también por la creciente cantidad de juicios previsionales pese a la ley de Reparación Histórica que sancionó el Congreso este año, con votos del FpV.
"A veces, los fines loables son el camino del infierno. Ahora hay un millón y medio más de juicios por actualización de haberes previsionales. Ustedes creen que van a terminar con industria del juicio, pero los juicios van a seguir", disparó el senador, quien además agregó que ese tipo de situaciones que se le precipitaron al macrismo se dieron por "funcionar con culpa".
Uno de los testigos del guiño de Pichetto hacia el buró de la CGT fue el diputado massista Héctor Daer, uno de los jefes del triunvirato sindical. El gremialista participó de la comisión que reavivó el proyecto sobre las ART y estuvo junto al ministro de Trabajo, Jorge Triaca; y el coordinador de Gabinete, Mario Quintana.
El jefe de la bancada del FpV aprovechó el convite de la comisión de Trabajo que comanda el pampeano Daniel Lovera para recordar a los presentes que su bloque representa a provincias y gobernadores justicialistas. Pichetto entró en los últimos días en un delicado juego de fuerzas: debe hacer control de daños para que los distritos no pierdan coparticipación en caso de un cambio en el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias -no puede entregar un cheque en blanco a los diputados opositores-, pero a su vez debe acompañar el reclamo de los "trabajadores", según reza la CGT.
Para Daer es más sencillo ese trayecto, ya que se puede acostar en el Frente Renovador. No obstante, ese partido tampoco puede entrar en una disputa con gobernadores si pretende expandirse electoralmente el año próximo. Por eso, anteayer se acercaron a charlas Sergio Massa y Graciela Camaño al despacho de Pichetto.
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