28 de marzo 2014 - 00:00

Señal: nadie quiso quedar fuera de otra algarada bergoglista

Carlos Accaputo y Enrique Nosiglia.
Carlos Accaputo y Enrique Nosiglia.
Cualquier ventanilla que abra el papa Francisco hace que se forme una cola, sea en el Vaticano fuera en partibus infidelis. Sobran los testimonios de las dos últimas semanas (Cristina de Kirchner, el procurador de cárceles Francisco Mugnolo, Daniel Filmus, Daniel Funes de Rioja, Gerardo Martínez, Carlos Tomada, etc.), que por lo estridentes taparon otra algarada clerical que ocurrió el miércoles en el aula magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA en la avenida Córdoba.

Allí, sin que mediase ningún anuncio ni gacetilla, salvo una cadena de mensajes de texto y de mails, se agolpó medio millar de dirigentes políticos de todos los colores para escuchar una nueva explicación de la "exhortación apostólica" que redactó el papa Francisco en noviembre pasado y cuya autoría se le atribuye al rector de la UCA, el obispo Víctor "Tucho" Fernández, corredactor junto con Bergoglio también de algunos de los principales documentos de Aparecida. Esa exhortación, "Evangelii Gaudium" (La alegría del Evangelio) presume de contener la constitución del papado que inició hace un año, y viene siendo tema de reuniones públicas en las que laicos y religiosos la explican, la glosan, la elogian y tratan de extraer lecciones de aplicación local en esta hora.

Ese acto lo organizó el lugarteniente personal de Bergoglio, el sacerdote Carlos Accaputo, que conduce la comisión de Pastoral Social del Arzobispado de Buenos Aires desde que Francisco era el primado, y continúa con el sucesor, Mario Poli.

Es además quien tiene el celular y el mail directo de Francisco y a él hay que recurrir cuando alguien quiere enviar un mensaje al Vaticano sin intermediarios. Eso no lo libra de su destino tercermundista, como ser asaltado en la puerta del convento de Flores en donde vive atendido por unas monjitas, lo que produjo una lesión que exhibió en el panel del miércoles con modestia penitencial, la misma que anima su austera vida personal. Fue golpeado por unos jóvenes que lo arrojaron al suelo y le patearon, impíos, la cara, ignorando seguramente su condición sacerdotal porque Accaputo no suele usar vestimenta de cura. También ignoraban los asaltantes cómo arrancar un auto con caja de cambio automática y por eso se salvó de que se lo robaran.

Esta vez la explicación de la exhortación corrió por cuenta de un panel integrado por el jesuita Diego Fares, el sociólogo José Paradiso, Ana Zagari, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad del Salvador (USAL), el economista perenne del peronismo Carlos Leyba y, por supuesto, el presbítero Accaputo.

El público que llenó el aula magna se dividió por padrones partidarios. El oficialismo se representó con el matrimonio Juan Manuel Olmos (presidente de la Magistratura porteña y más que amigo del Papa a través de sus relaciones familiares, particularmente una tía) y su esposa, la legisladora María Rosa Muiños; el legislador Juan Carlos Dante Gullo; el diputado nacional Roberto Felletti; el defensor porteño Alejandro Amor; el bancario Arnaldo Bocco; la antecesora de Olmos en la defensoría, Alicia Pierini, y unos pocos más. Entre los mediáticos de ese surtido estaba el diputado provincial Fernando Navarro, a quien sus amigos llaman con cariño "El Chino".

No estaban otros referentes del peronismo bergoglista como Julián Domínguez, Guillermo Oliveri o Eduardo Valdés -sí estaba su hijo, el dirigente porteño Juan Manuel-. Tampoco quienes militan en la misma fe política, pero que compiten con Accaputo por mostrar mejores lazos con Roma, como Aldo Carreras, hoy funcionario del Ministerio de Trabajo del Gobierno de Daniel Scioli y a quien se le atribuye un pasado "guardián", sello al que acogió Bergoglio cuando mandaba en la Universidad del Salvador. De paso, Julio Bárbaro, que compartió aquellas militancias, explicó por TV que la relación del hoy papa con Guardia de Hierro nunca fue la de un militante. Un grupo de "guardianes" -como Bárbaro- acercó a ese grupo a dicha universidad y Bergoglio fue su capellán, como lo hubiera sido si se le hubiera acercado otra agrupación. Vale el testimonio.

De la provincia de Buenos Aires estaba Jorge Telerman, quien estuvo con el Papa en la misión interreligiosa y multipartidaria hace tres semanas; también su ex ministro Sergio Beros, como Telerman en la burocracia sciolista en Buenos Aires.

Entre esa mayoría opositora figuraban macristas como Santiago de Estrada o Diego Santilli, pasando por Cristian Ritondo, Laura Alonso, Sergio Bergman, Diego Santilli, Jorge Triaca, Rosa Muñoz, Arnaldo Bocco, massistas como Héctor Daer, radicales de variada estirpe, como Enrique Nosiglia, Ricardo Gil Lavedra o Jorge Enríquez (integra el directorio del Consejo de la Magistratura porteña).

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