8 de diciembre 2014 - 00:00

“Señor Tango”: mucho más que un show para turistas

Fernando Soler fue uno de los iniciadores en los shows de tango con mirada internacional, y no se ha quedado en el simple “for export”.
Fernando Soler fue uno de los iniciadores en los shows de tango con mirada internacional, y no se ha quedado en el simple “for export”.
"Señor Tango". Actuación de Fernando Soler, Andrea Ghidone, Estefanía Holman, Miguel Ángel Roda, Matías López Gallese quinteto, orquesta de Ernesto Franco y cuerpo de baile. (Señor Tango, todos los días; cena-show).

Fernando Soler
es uno de los pioneros en ofrecer shows de tango con mirada internacional. Cantor con una carrera en paralelo, terminó convirtiéndose en uno de los mayores empresarios del rubro;,y de aquel original Señor Tango con el que arrancó en los '80, pasó hace tiempo a este megaespacio que maneja con éxito en el barrio de Barracas.

Mucha agua pasó bajo los puentes de este tipo de propuestas. Antes, estos llamados espectáculos "for export" se limitaban a acompañar una cena de medio pelo con una sucesión más o menos interesante de bailarines, cantantes y músicos, y con la inevitable repetición de títulos clásicos escuchados hasta el hartazgo que, se suponía, eran del beneplácito de los consumidores extranjeros.

Pero eso cambió hace rato y, afortunadamente, esta no es la excepción. No sólo por el menú sino porque lo artístico, con más o menos aciertos estéticos, con libertades que pueden irritar a los tangueros más estrictos, se permite también apuntar muy alto, con producciones costosas, con figuras invitadas, con elencos numerosos, con vestuarios deslumbrantes, con puestas dignas de cualquier show de las principales capitales del mundo.

Señor Tango tiene algunos elementos que son ya marca registrada, como los caballos montados por indígenas pampeanos en el arranque del espectáculo; o el toque folklórico con malambo y pericón. Pero después la propuesta es amplia y heterogénea. Hay nueve parejas de baile que juegan con revoleo de piernas y con algunos cuadros dignos de lo mejor del Cirque du Soleil; por caso, el de las dos bailarinas voladoras. Hay un merecido homenaje a Aníbal Troilo.

Se presentan también dos cantores jóvenes con orígenes distintos y con futuro prometedor, Miguel Ángel Roda y Estefanía Holman, y un repertorio que rompe con el esquema convencional: en las casi tres horas de espectáculo suenan "La cumparsita", "Malevaje", "Pasional" o "Quejas de bandoneón", pero también un tributo a Ástor Piazzolla y canciones muy poco conocidas (aún para los argentinos) como "Se juega" y "Viento del ochenta" con músicas de Rubén Juárez. Se suceden también un cuadro inspirado en la película "Moulin Rouge" con la versión tanguera de "Roxanne" de Sting; una bailarina televisiva, Andrea Ghidone, que hace su aporte como un guiño al público local; dos conjuntos musicales: un quinteto de jóvenes muy talentosos que sostiene casi todo, con el pianista Matías López Gallese en la dirección, y una aparición final de la orquesta típica del ex Juan D'Arienzo, el bandoneonista Ernesto Franco. Y está el dueño de casa Fernando Soler, protagonista central, porque ocupa un buen tiempo pero, sobre todo, porque cuenta la historia de los tangos, se detiene en el contenido de sus letras, habla de la realidad, se comunica directamente con el público y hasta desliza alguna crítica política. El cierre con "No llores por mí Argentina", con la voz de Holman, es un buen fin de fiesta. Pero a esa altura lo mejor ya estaba dicho en esta oferta tanguera porteña que excede el interés que puedan tener los turistas.

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