La baja del precio del oro (0,52%, a u$s 1.365,90 por onza), la leve suba del petróleo (1,18%, a u$s 108,5 por barril; la EIA informó que los inventarios de crudo se están reduciendo más rápidamente que lo esperado, de la mano de una demanda creciente) y una tercera jornada consecutiva en suba para el Promedio Industrial (que aunque acotada, de todas maneras, hizo que el Dow avanzara un 0,04%, a 14.937,4 puntos) son evidencia de que el temor a que un eventual ataque aéreo sobre Siria no es lo que ronda estos días sobre los mercados. De hecho, si bien la idea de la incursión militar avanza en las comisiones, no está claro aún si las dos cámaras del Congreso norteamericano apoyarán el pedido de Barack Obama. Por otro lado, podríamos argumentar que si bien apenas hemos tenido tres ruedas para lo que va de septiembre, en las que lo más granado de las blue chips avanzaron un 0,86%, este mes ha sido en promedio durante los últimos cincuenta años el de menores rendimientos para los inversores. No olvidemos que Siria no es la única preocupación de los inversores, ya que en los próximos días volveremos a la sempiterna pelea en el Congreso por la extensión del límite de la deuda estatal, a lo que podemos sumar, entre otras cosas, las elecciones en Alemania, donde el oficialismo no está de parabienes. Para peor, la tasa trepó ayer al 2,979 por ciento anual, estableciendo un nuevo máximo desde julio de 2011(aquí podrían haber influido el crecimiento del sector servicios y los pedidos de seguro por desempleo; las órdenes a fábrica declinaron), mientras el euro retrocedió al mínimo en casi siete semanas frente al dólar (el BCE decidió no tocar sus tasas). De manera que se podría decir que el ánimo de los inversores es algo mejor que lo que se podría esperar de repetirse la norma histórica.
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