Uno de los gobernadores peronistas se mostró a favor de superar el elevado déficit público y reducir el endeudamiento, a partir de la responsabilidad fiscal.
Soy optimista respecto de Argentina para 2018. Creo que de la mano del diálogo y el consenso se están recreando las condiciones para que nuestro país retome el rumbo del crecimiento y el desarrollo. La clave es justamente esa, crecer y conjuntamente desarrollarse, que la economía incluya y que los ajustes que tenga que hacer el sistema no vulneren a los sectores menos beneficiados.
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Hay que garantizar la mirada social y el sentido solidario que debe tener la política y allí entiendo estará nuestro rol como oposición; dialogar y buscar consenso sin perder la perspectiva ideológica que identifica al justicialismo.
Creo que todos estamos entendiendo que gobernar no es una acción única y excluyente del Gobierno. Hoy se impone gobernar con la sociedad, consensuando y acordando con los diferentes sectores, dialogando y buscando desde el diálogo las coincidencias. No es un camino fácil. Dialogar para el consenso requiere conceder, negociar, pero si bien no es el camino fácil, ni siquiera el camino más corto, es el camino más seguro y directo para alcanzar objetivos comunes.
Percibo un clima de gran expectativa en los diferentes actores respecto de la etapa que estamos transitando; no obstante entiendo también que hay algunos signos de incertidumbre. El país tiene que adoptar un camino que le permita superar el elevado déficit público y su preocupante endeudamiento, promoviendo una cultura de responsabilidad fiscal a nivel nacional, provincial y municipal. El sistema judicial es otro pendiente. Deberemos promover todos los cambios necesarios para hacer de la Justicia el pilar de la institucionalidad argentina. Tenemos que afrontar una agenda compleja. Son inadmisibles los niveles de pobreza que alcanzó el país, y eso es un fenómeno del que no podemos excluir responsabilidades. También, en una Argentina que pretende retomar el camino del desarrollo y el crecimiento surgen otros temas que se posicionan como claves, la educación es uno y la energía es otro. Deberemos reformar profundamente nuestro sistema educativo y trabajar nuestra matriz energética si buscamos transformarnos en un país con mayor calidad de vida para todos los argentinos.
El 2018 será sin duda un año de diálogo. La configuración política partidaria y territorial obliga a oficialismo y oposición a darnos a la tarea de dialogar. Sin perder identidades y sin abandonar principios estoy seguro que podemos avanzar en estos pendientes que tenemos como sociedad y como país.
Hace unos pocos días la Nación y las provincias logramos un acuerdo en torno a temas fiscales, no fue sencillo. Fue un proceso que se inició mucho antes y que demandó madurez, flexibilidad y responsabilidad. Después de mucho analizar y debatir logramos un consenso; todos nos levantamos de la mesa de negociación con la idea de no haber perdido y al mismo tiempo haber aportado a la gobernabilidad del país.
Los gobernadores opositores fuimos coherentes y dialoguistas. Esto es una señal clara de cuál es nuestra postura. No erosionamos el acuerdo ni desgastamos el proceso, por el contrario, asumimos con responsabilidad institucional el momento político y aportamos. Es un evidente cambio en la dinámica política argentina que nos fortalece a todos, y que instala otras formas más eficaces y legítimas de gobernar.
Está claro que avanzamos y que hay muestras de responsabilidad, pero insisto con el componente de la coherencia que permite conjugar las decisiones políticas con los principios e ideales y eso no es un elemento menor a la hora de acordar.
Argentina necesita un acuerdo político de largo plazo en torno a sus temas centrales, y cuando hablo de acuerdo político no lo suscribo al ámbito partidario, hablo de un acuerdo nacional en el que Gobierno, oficialismo y oposición, empresarios, sindicalista e intelectuales, mayorías y minorías, acordemos un modelo de país más justo, libre e inclusivo, y trabajemos sostenidamente en esa dirección. Pero los acuerdos no pueden ser manifestaciones unilaterales de coyunturales mayorías. Para que sea acuerdo nacional debe interpretar y representar el pensamiento nacional. Si hay que dejar las convicciones afuera, si no se puede sostener de cara al sector que cada uno de nosotros representa, no será acuerdo nacional sino circunstancial arreglo.
Acuerdo político de largo plazo, esto es, posiblemente, el gran desafío de la dirigencia argentina: dialogar con responsabilidad, respeto y compromiso, con la mirada puesta bastante más allá de 2018.
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