En la escalera de ingreso a la Fundación Proa, hay un dibujo de Silvia Rivas y otro, con la inconfundible materialidad plateada del grafito, en el arco que forma la arquitectura del primer piso. La artista cuenta la relación de la serie «Odisea invisible» con los gestos del video que presentó el año pasado en el Malba, y dice: «Dibujo sobre pared recorridos y dinámicas. Son expresiones de ritmo y velocidad, trayectos obsesivos, plácidos, cadenciosos o tortuosos. Como un trabajo maníaco, constituyen una representación gráfica de infinitos circuitos invisibles: el vuelo de un insecto, de un enjambre, partículas puestas en movimiento por el viento. Es como fijar en arabescos los rastros trazados por todo aquello que es mínimo en el espacio circundante». Sus gestos sensibles y poéticos, se perciben como genuinos testimonios de la tensión de la línea, el insecto que sobrevolaba el video y está en la génesis del dibujo, ha desaparecido y tan sólo queda la abstracción del trazo.
A.M.Q.
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