28 de mayo 2014 - 00:11

Sin balotaje, hechiza la butaca que libera Scioli

Carlos Ruckauf, Santiago Montoya, Fernando Espinoza y Domingo Cavallo.
Carlos Ruckauf, Santiago Montoya, Fernando Espinoza y Domingo Cavallo.
"No hay balotaje, ganás por un voto". Es un enfoque conversador, defensivo, que tiene un antecedente cercano cuando Eduardo Duhalde negoció que Domingo Cavallo y la UCeDé llevasen la boleta de Carlos Ruckauf, pacto perdidoso para su aventura presidencial aunque una chance dorada para que el PJ no pierda en Buenos Aires.

Así ocurrió: Ruckauf acumuló 800 mil votos de la cavallista Acción por la República y del ucedeísmo post-Alsogaray que le permitieron derrotar a la aliancista Graciela Fernández Meijide y retener para el peronismo la estratégica Buenos Aires desde donde el exvice de Carlos Menem soñó su propia presidencia pero que, al final, operó como soporte para que Duhalde llegue, vía asambla legislativa, a presidente interino.

La proliferación de aspirantes del peronismo K a ocupar la butaca que en 2015 deja vacante Daniel Scioli se explica, en parte, por esa virtud funcional que garantizó al PJ un triunfo en 1999 cuando fue masiva y casi genérico, el triunfo radical-frepasista: sin balotaje, la elección de gobernador parece más accesible que una presidencial para un sector, como el kirchnerismo, que suma apoyos duros pero, a la vez, rechazos intensos.

De hecho, en el universo K se asume como hipótesis en que con el mapa actual el oficialismo peligra, contra cualquier rival -Massa, Macri, UNEN- en segunda vuelta. Scioli riega su optimismo sobre una victoria en primera vuelta y desecha lecturas sobre el balotaje. Brutal, un dirigente híper-K, interpreta que el kirchnerismo podría ganar las PASO con un candidato "puro" pero en ese instante sellaría su derrota en primera o segunda vuelta por la impronta del voto anti-K.

En la provincia, ese problema no es trascendente porque una supuesta PASO del FpV potente podría garantizar el primer lugar en la primera vuelta y, de ese modo, garantizar la victoria del peronismo K a nivel gobernador. A simple vista, en el cajón de arena, la provincia es más accesible que la presidencia y eso se refleja en el malón de anotados para suceder a Scioli.

En las últimas horas, la lista engordó. Como contó este diario el viernes pasado, el intendente de Berazategui Patricio Mussi se subió al ring -ayer hizo su primer raid radial confirmando sus intenciones- y también avisó que saldrá a caminar Santiago Montoya, el creador de ARBA, a quien Scioli puso como uno de sus armadores nacionales. El cordobés, que tiene oficina en el Bapro, pidió, antes de salir a caminar, el ok del gobernador que tiene como preferido a Martín Insaurralde, figura que no hace más que generar furia y maldiciones entre los K pero que ayer fue recibido por el hipersciolista Iván Budassi, titular de ARBA, en una cita "de gestión" que se llevó como gesto político.

Malones

La tira es profusa. Además de Insaurralde, y los recientes Montoya y Mussi, hay que agregar a Gabriel Mariotto -a quien lo escucharon hablar de la ausencia de candidatos a presidente "puramente K"-, al titular de la ANSES, Diego Bossio, y al presidente del PJ bonaerense, y alcalde matancero Fernando Espinoza. La ristra, a pesar de las negativas, debe incluir a Julián Domínguez y Florencio Randazzo, anotados en la disputa nacional pero que pueden ser hechizados por la más accesible, la de gobernador bonaerense. Fernando "Chino" Navarro, el intendente Julio Pereyra, la ministra Cristina Álvarez Rodríguez y el pejocamporista José Ottavis confiaron, aquí y allá, al menos como amague, sus intenciones de sentarse en la mesa de póker del peronismo bonaerense donde se discuta la sucesión de Scioli.

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