La calle Defensa, del barrio porteño de San Telmo, está desolada ante la falta de turistas, principales compradores de antigüedades.
El barrio porteño de San Telmo es reconocido como un sitio estratégico por los visitantes de anticuarios. La calle Defensa y los alrededores de la plaza Dorrego están repletos de tiendas de antigüedades, que en los buenos tiempos supieron llenarse de compradores. Pero ahora la realidad es otra: los días de semana las calles están desoladas. Los comerciantes, golpeados por la crisis, aseguran que las ventas se redujeron más del 50% en comparación con 2008".
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Los muebles antiguos siempre fueron muy requeridos, sobre todo por los visitantes extranjeros, quienes podían encontrar verdaderas maravillas a precios regalados -por la diferencia del dólar frente al peso-. «Tener un objeto antiguo denota prestigio», aseguraron los especialistas. Aquellos principales clientes, devotos del lujo, hoy casi no existen. El turismo en la Argentina sufrió una baja de más del 22% con respecto al año anterior, según las estadísticas de la Secretaría de Turismo de la Nación, mientras que el gasto de los visitantes se redujo en un 35%. Los que deciden viajar lo hacen de manera más «gasolera», y esto repercute en el mercado.
«Luego de la crisis financiera, se notó mucho el cambio en los compradores. Es muy difícil conseguir clientes extranjeros. Desde comienzos de 2009 nuestros principales clientes son los nacionales», sostuvo el local de antigüedades La Mersa, quienes se mantienen esperanzados para afrontar los meses futuros asegurando que «las antigüedades siempre están de moda, eso nos ilusiona ante la crisis».
«Aquellos que quieren vender piezas y desconocen los códigos del sector usan la web para asesorarse sobre los precios del mercado, pero esos valores son mentira, son cotizaciones demasiado bajas, y eso dificulta las ventas», explicó el anticuario. Los productos de internet son muchas veces imitaciones, que pueden pasar por verdaderas reliquias para los ojos de los desconocedores y se convierten en una competencia «odiada» por los anticuarios.
Uno de los grandes problemas que dificulta la baja de los precios es el impuesto a productos suntuarios, entre los que se encuentran las alfombras y estatuas, entre otros. «Un 50% de la ganancia se lo lleva el Estado, con los impuestos altísimos. Si una pieza está valuada en u$s 2.000, nos quedan sólo u$s 1.000», explicaron desde el sector.
Por su parte, los locales de antigüedades en plata y joyas también sienten la crisis. «Las ventas bajaron notablemente, se notó más estos últimos meses, donde las reducciones alcanzaron el 50%», afirmó la firma Abraxas. También aseguran que se buscan nuevas estrategias de ventas. «Hoy al cliente hay que salir a buscarlo, no es como antes, que llovían las propuestas», sostuvo el especialista, quien confesó que ahora se recurre a las viejas bases de datos.
Asimismo, aseguraron que no es momento para vender objetos antiguos, debido a que los precios son muy bajos. «Las ventas son escasas, lo que produce que haya menos dinero para poder adquirir nuevas piezas», explicó el local Modernisme, del barrio de San Telmo, que afirmó que «hoy se dan muchos casos, que ante la necesidad económica, revientan sus reliquias, se venden a precios bajísimos».
La nueva costumbre entre aquellos que deciden vender sus antigüedades es emprender una recorrida por varios locales, asesorarse, escuchar propuestas y, sobre todo, regatear. «Regatean en todos los negocios, aquel que mejor oferta les brinda es el ganador, es la ley de la oferta y la demanda», comentó un viejo comerciante del rubro, quien afirmó que en su local las ventas se redujeron en más del 40% en comparación con el mismo período del año anterior.
Una muestra del momento crítico que está atravesando el sector es la postergación de la feria bienal organizada por la Asociación Amigos del Museo Nacional de Arte Decorativo, donde más de 70 anticuarios exponen sus piezas. Desde la asociación aseguraron que «en 2009 no se va a hacer como estaba pautado en un principio, por cuestiones económicas». Esperan poder realizar la tradicional exposición en 2010. «Los espacios y los stands están muy caros; el sector, compuesto por pymes, no está en condiciones de afrontar tales gastos», aseguraron.
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