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¿Sintonía fina o Guillermo Moreno?
Carlos Heller
Por lo pronto, la conducción del oficialismo tiene una sola certeza: no existe ningún pedido de la Casa Rosada para adelantar debates en extraordinarias, más allá de alguna reunión de comisión, como la de Relaciones Exteriores del Senado para discutir sobre el tema Malvinas.
Pero muchas cosas cambiaron desde los festejos por la asunción de la nueva mayoría kirchnerista en el Congreso el 10 de diciembre. La bancada ya tiene una división de hecho: el sindicalismo sufrió ese mismo día la presión de La Cámpora en el recinto de Diputados. Y no fue cualquier sindicalismo, sino el hijo de Hugo Moyano que quedó él mismo en medio de los cruces de las barras de la CGT y las juventudes kirchneristas. Después vino la renuncia de Moyano al PJ y esta semana los intentos de Daniel Scioli por evitar que esa partida se concrete.
Esa estrategia del gobernador no tiene un correlato en el Senado o Diputados, donde Scioli nunca contó con legisladores leales que pudieran dar vuelta la ecuación de poder (a menos que se decidiera a saltar el charco), pero perturba a muchos diputados que pueda ser un indicio claro de una línea que le esté marcando al Gobierno para mostrarle hasta dónde puede llegar si 2012 arranca en materia de discusión bonaerense tal como terminó 2011. Una sociedad con Moyano, en esos términos, no parece descabellada.
El bloque de diputados hoy está unido, más allá de la división real con los dipu-sindicales. Imposible pensar otra cosa cuando hasta ahora todos fueron éxitos y nunca se lo probó en alguna votación complicada.
Dos batallas
Pero, como se dijo, la situación no es la misma que cuando asumieron. En el medio ya se declararon al menos dos grandes batallas en la interna con el sindicalismo y el PJ bonaerense. Un tema que apareció en el horizonte del verano sirvió de ensayo para lo que puede venir si es que el Gobierno abandona la «sintonía fina» para abrazar definitivamente la estrategia de las prácticas «morenistas».
Se ventiló durante enero la intención de avanzar con una reforma impositiva para gravar parte de la renta financiera, un clásico de todo bloque revoltoso. Esta vez, la idea aparece con la supuesta intención de gravar la compraventa de activos financieros por parte de extranjeros, fideicomisos y otros títulos que no coticen en Bolsa.
Se dejaría de lado a los plazos fijos, las acciones y los títulos de deuda. No dista mucho de algunas ideas que explicó Carlos Heller en la Comisión de Finanzas de Diputados. Hasta ahora no llegó al Congreso ninguna indicación real para que los bloques se preparen para esa batalla. Si llegara, sería un cambio de corrientes importante. Todo el oficialismo, y también la oposición, sabe qué es lo que se hizo en la última década con ese tema: nada. Sólo sirvió para asustar al mercado. Ahora la posible existencia de ese proyecto será el termómetro para medir la temperatura con la que el Gobierno terminará el verano.
