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Sobornos: abren la causa para investigar un supuesto complot
Fernando de la Rúa
Las conclusiones de la sentencia absolutoria fueron contundentes: cuestionaron duramente al fiscal Federico Delgado y al juez Daniel Rafecas por el proceso de instrucción y le restaron cualquier tipo de credibilidad al testimonio de Pontaquarto, a quien, recordaron, ni sus propios defensores aseguraron creerle.
El tribunal requirió la investigación y Taiano comenzó por solicitar las declaraciones de todos los testigos, así como el informe de la SIDE que habría confirmado la presencia del arrepentido en el edificio del organismo en la calle 25 de Mayo, elemento del cual Pontaquarto se aferró para confirmar su versión.
Fernández e Ibarra fueron señalados por los jueces a partir de ciertas inconsistencias en sus testimonios durante la instrucción y ya en el debate oral. Ambos son figuras clave de la trama, ya que, según Pontaquarto, fueron los primeros a quienes les informó sobre su rol en el reparto de las supuestas coimas. Por ejemplo, Ibarra primero remitió un escrito en el que dijo haber estado reunido con Pontaquarto para escuchar su confesión. Un texto escueto y sin el menor grado de detalle, ya que alegó no recordar los pormenores. Sin embargo, cuando declaró en el juicio oral, brindó todo tipo de detalles al punto que uno de los jueces le preguntó si había tomado nota de su encuentro con el exfuncionario del Senado. Ibarra dijo que no.
El eje de la pericia del fiscal comienza en la coincidencia de tres hechos que tuvieron lugar en muy pocos días, en 2004: la apertura de dicho sumario de la SIDE, en el cual consta la presencia de Pontaquarto en el edificio; la firma del contrato con la revista TXT, propiedad del empresario Hugo Sigman; y la casi inmediata declaración de Pontaquarto en el juzgado de Norberto Oyarbide.
Alberto Fernández, por estos días un opinador en diversos shows de la TV, sostuvo en una de sus primeras declaraciones que Pontaquarto había realizado la entrevista periodística acompañado por sus abogados del estudio de Hugo Wortman Jofré. Luego, Pontaquarto expresó que la entrevista la había realizado él solo.
Por cierto: cuando el 2 de junio se integre el nuevo Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la Capital, a Wortman Jofré lo espera un expediente por supuesto mal ejercicio de la profesión por su intervención en la defensa del arrepentido.
En este sentido, el menos complicado sería el dirigente Daniel Bravo, porque cuando le tocó declarar siempre fue muy escueto y prácticamente nunca cambió sus dichos. La única grieta sería que negó conocer la exoneración de Pontaquarto en el Senado cuando él mismo era funcionario en la Cámara alta y el hecho había sucedido muy recientemente.
La nueva investigación también apunta a testigos menos conocidos, por ejemplo los amigos personales de Pontaquarto que aparecieron por los tribunales federales de Comodoro Py recién a fines de 2005 y cuando el expediente ya tenía falta de mérito. Su finalidad simplemente consistía en decir que habían visto el dinero con el cual Pontaquarto supuestamente pagó los sobornos y que habían encontrado a su amigo "muy nervioso".


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