En el fuego cruzado sobre el día después, con el anuncio de Daniel Scioli de una fusión del PJ luego del 28-J, Unión-PRO largó su contraofensiva: «El peronismo olfatea que el kirchnerismo está en decadencia; por eso muchos van a migrar hacia nosotros», dijo Jorge Macri.
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Ese tironeo, que agita el gobernador y que ayer retrucó el «otro» Macri, candidato a diputado provincial por la Tercera Sección, está en la agenda, pero detrás del asunto prioritario: el tramo final de la campaña y el operativo de fiscalización del 28.
El despliegue de fiscales del ensamble entre Francisco de Narváez y los primos Macri asoma monumental. Un caso: en La Matanza, donde hay 2.380 mesas para sufragar, Unión-PRO alistó 7 mil fiscales, a razón de casi tres delegados por cada lugar de votación.
En Lomas ocurre lo mismo: 4.000 «guardianes» para 1.300 mesas y en Avellaneda, con 777 mesas, se preparan 2.500 delegados. A simple vista, un ejército de fiscales para tratar de contener el riesgo, declarado por De Narváez, de un fraude K en la elección.
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