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Sobre izquierdas y derechas
Pero dejemos a Bobbio en paz y vayamos a lo nuestro. Pongamos algunos ejemplos. Durante más de medio siglo tuvimos prolongados tiempos de inflación, como los que volvemos a padecer hoy, y muchísimos más graves todavía. Inflación y encima hiperinflaciones en 1975, 1989, 1991. Es ostensible que la inflación hace aún más pobres a los pobres. Si embargo no se escucha a la gente que se dice de izquierda preocupada por combatirla. Por el contrario, quienes en determinados momentos de nuestro último medio siglo la contuvieron, para el imaginario de algunos son de derecha. Otro asunto capital, la educación. Aquella escuela laica, común y gratuita que igualaba hasta en el guardapolvo blanco, ha sido bastardeada bajo la invocación de reivindicaciones gremiales por gente que se llama de izquierda. Hoy, muchos padres que con gusto mandarían a sus hijos al colegio público optan por el privado por los problemas que aquél afronta. La escuela igualitaria, la sarmientina, la verdaderamente progresista, paradójicamente perjudicada por obra de quienes se dicen de izquierda.
Los servicios públicos, otro ejemplo de la creencia de que hacerlos estatales es de izquierda y privados de derecha, como si lo que importase no fuera la calidad y el precio de los servicios, sino quién los prestar. Todavía hay gente que cree que las empresas de servicios estatales son nuestras, mientras que las privadas son ajenas. Sólo la ignorancia sobre lo que fueron las empresas del Estado, lo que costaba a todos los habitantes mantenerlas, los pésimos servicios que brindaban, la corrupción que posibilitaban puede llevar a esa confusión. No hablemos de las relaciones internacionales porque allí las contradicciones son todavía mayores. Creer que Stalin se preocupaba por la igualdad de los soviéticos, es tan ingenuo como pensar que Mao haría una revolución cultural, o que Hitler impondría el socialismo nacional bautizando a su movimiento como nacional socialista. Más o menos como los modernos adoradores de Cuba, que parecen desconocer la miseria económica, las desigualdades sociales y las persecuciones políticas impuestas por el régimen de Castro.
Desde luego que en nuestro país, en algunos ambientes, ser de izquierdas suena chic, como si fuera una cuestión de modas, mientras que los de derechas son reaccionarios. Aunque unos y otros escondan, muchas veces, la falta de precisiones sobre ideas concretas. En otras latitudes hay menos rubores. En el mundo las cosas no son distintas, pero son diferentes. Claro, los rótulos se siguen usando pero, además, se discuten o se ejecutan políticas concretas. En esto vale el debate contemporáneo, en el hemisferio norte, sobre achicar gastos a riesgo de la recesión o cebar la bomba con el peligro de la inflación. Entonces resulta que Rodríguez Zapatero, de izquierda, tiene que hacer el ajuste fiscal, siguiendo las propuestas de Angela Merkel, de derecha, porque el Estado de Bienestar amenaza con estallar. Pero convengamos que el debate es mucho más racional. Con aciertos y desaciertos, según se lo mire y los resultados que se obtengan, pero sobre bases específicas y no asentados exclusivamente en frases hechas o siglas sintetizadoras.
Lo dicho bien vale para que los argentinos empecemos a ponernos al día. Los grandes partidos, dominantes históricos de la política, que comienzan a insinuar la alternativa que brindarán el año que viene, en vez de discutir la etiqueta con la que recubrirán la mercadería ofertada, bueno sería que afinaran el enfoque y dijeran qué piensan hacer con los problemas concretos que tenemos. La vieja retahíla de izquierdas y derechas ya dice muy poco, en verdad, nada. Hoy requerimos respuestas precisas y factibles. Los problemas los conocemos, lo que queremos saber es qué soluciones se ofrecen. Porque ni el recitado del Preámbulo ni la propuesta de ser seguido garantizando no defraudar, resultaron suficientes.
Allí están las historias, las propias y las ajenas, para mostrarnos que las declaraciones solemnes, así como las ofertas extremas, no son garantía de buen suceso. Recordemos que los jacobinos y montañeses, sentados en las bancas de la izquierda, hicieron más que los girondinos, en sus asientos de la derecha, para que después del Directorio y el Consulado, en vez de una república democrática, llegase el Imperio y su emperador. Aunque era Francia y el siglo XVIII recién se transformaba en el XIX. A la república democrática hubo que esperarla bastante tiempo.
(*) Abogado, convencional nacional constituyente (1994), diputado nacional (1985-2005).


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