Si la mente está predispuesta, el nazismo puede contagiarse, pareciera querer decir el escritor estadounidense Jack El-Hai. No es que el nazismo sea una entidad patológica como la esquizofrenia o la paranoia, el doctor Douglas Kelly que trató de descubrirla entre los más prominentes nazis, con los que tuvo trato directo, no la encontró. Si bien eran narcisistas y soberbios, no tenían alteraciones psíquicas que permitieran explicar que por eso habían conducido y producido una de las mayores atrocidades mundiales, que algunos de ellos parecían justificar como una reacción frente a la derrota sufrida por Alemania en la Primera Guerra Mundial.
El nazismo desde esa perspectiva parece como una rama de la sociopatía. Los dirigentes del Reich podían tener individualmente algún tipo de locura, de delirio, que se sumaba a la conducta de psicópata, a la ausencia de empatía, en total incapacidad de ponerse en lugar de otro. La investigación de El-Hai "El nazi y el psiquiatra" se lee como una sobrecogedora novela de no ficción, tanto es así que el escritor ha tenido propuestas para llevar su libro al teatro y al cine. Libro que da otra visión de alguien que desde una cierta ajenidad se enfrenta a quienes produjeron el Holocausto.
Si para Hannah Arendt "Eichmann en Jerusalén" la enfrenta a la banalidad del mal, en "El nazi y el psiquiatra" El-Hai, siguiendo al doctor Kelly sale a los orígenes de esa catástrofe humana, y se encuentra con la arrogancia demoníaca del mal. Y hasta el encuentro con el mal, el diálogo íntimo, cara a cara, de Kelly con el mariscal del Reich Hermann Göering instala una fatal influencia. "El médico estaba aprendiendo a manipular psicológicamente a Göering, pero no se daba cuenta de la forma en que el nazi influía en el pensamiento de él". Es la parábola final del libro.
Cuando Göering sabe que ha sido sentenciado a morir en la horca, su orgullo no le podía permitir algo tan poco digno, elige suicidarse con una cápsula de cianuro. Años más tarde sin motivo aparente, siendo profesor de criminología que utilizaba la magia para mostrar que fácil era engañar, protagonista de una serie de televisión sobre el nazismo, tras una de las discusiones con su mujer, con un gesto teatral frente a sus hijos, Kelly se suicida tragándose una cápsula de cianuro.
A los 32 años el ambicioso médico y psiquiatra del ejército de los Estados Unidos es designado para cuidar la salud mental de los jefes nazis que serán llevados a juicio en Núremberg. Su número le servirá a Kelly para escribir el libro "22 celdas en Núremberg" sobre sus encuentros con, entre otros, el almirante Karl Dönitz, último jede de estado de la Alemania nazi, Wilhelm Keitel, comandante de la fuerzas armadas, Robert Ley, del Frente Alemán del Trabajo, Alfred Rosenberg, el filósofo ideólogo del nazismo, Julius Streicher, entre otros.
Pero el mayor impacto para Kelly fueron sus encuentros con Göering, que de un encierro petulante pasó a una actitud desahogada, locuaz, que al joven psiquiatra le resultaba fascinante. Göering, que es apenas un burgués que gusta de la buena vida y lograr tener poder sin importarle cómo sea, puede decir que a Hitler se lo soportaba por carismático pero que era grosero, plebeyo, sin clase (algo así ha dicho desde la aristocracia y la cultura Ernst Jünger). Un obra deslumbrante.
| M.S. |



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