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Sociedades y... mucho más
Fernando Horigian
Esos conflictos no hablados traen implícitos arreglos secretos, funcionarios y empleados cómplices, que sólo toman ventaja de la situación para manejar información y sumar poder. En sí, son ocasiones fuera de control y falta de comunicación sobre los reales problemas de la empresa.
Reglas claras
En muy pocas oportunidades esta metodología funciona y generalmente esto se da en empresas familiares en donde los miembros son dos y nadie se interpone entre ellos. El amor y el respeto pueden con todo en donde las reglas son muy claras en cuanto a cuáles son las responsabilidades, los derechos y las funciones de cada uno. Generalmente, esto se empieza a quebrar cuando un tercero, familiar o no, ingresa a la sociedad. Todo lo no hablado y todo no convenido empiezan a salir a la luz. Ni hablar de si la situación de la empresa y la del mercado se empiezan a poner más difíciles y todo se parece cada vez más a una olla en ebullición a punto de explotar.
Cuando esto sucede, sabemos que los barcos no están en la misma dirección y es muy difícil congeniar las opiniones y los rumbos de la empresa. Más allá de eso, las expectativas de cada socio son distintas y lo que llamamos el «afecto societatis» que supuestamente existía al principio, en donde todos eran «buenos amigos» o «buena gente», deja de tener forma y empieza la guerra hacia adentro en vez de hacia afuera.
En la mayoría de las circunstancias, este tipo de sociedades se disuelve y no llega a nada, ya que ninguno de los socios pensó en la empresa, sino en sí mismo y en cómo sacar ventaja de cada situación. De esa manera, la empresa de desmiembra y no sólo no logra sus objetivos, sino tampoco los objetivos de cada uno de sus socios.
Oportunidades
En otras circunstancias, las empresas se dividen; cada una se lleva una parte y empiezan de cero. Aquí, las oportunidades pueden ser varias para cada parte, pero si la repartición no ha sido justa y las oportunidades de mercado no son iguales, uno de ellos tiende a perder todo y pretende justificar en su «ex socio» su propio fracaso.
Una sociedad es más que una alianza de necesidades y oportunidades, es un pacto de confianza, de respecto, de afecto y de sinceridad. Si estas cuatro patas no existen, no hay jurídicamente nada que la haga válida y, menos aún, un mercado que la convalide. Su energía se disipa en las peleas internas y en las necesidades perdidas de cada socio integrante.
Tener una sociedad es más que un proyecto comercial o una oportunidad, es un compromiso de acción y de solidificación de proyectos, porque obliga a cada miembro a ser más por uno y por el otro, en miras de un objetivo común que robustece el esquema y los objetivos individuales.


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