La que terminó fue una semana plagada de noticias del frente europeo (resultado de elecciones griegas, paquete de apoyo a la banca española y a Italia, etc.) y tal vez sólo una relevante del norteamericano (la decisión de la Fed de prolongar la Operación Twist). Sin embargo, la causa de la falta de entusiasmo entre los inversores bursátiles que hizo retroceder un 0,99% al Dow, luego de dos semanas consecutivas de subas, tuvo más que ver con una economía que continúa enfriándose o no mostrando verdaderos signos de crecimiento, y con la baja de los precios de casi todos los commodities (el oro perdió un 3,75% en la semana, cediendo a u$s 1.566 la onza, y el petróleo, un 5,42%, cerrando en u$s 79,76 por barril). Decimos falta de entusiasmo y no mal humor porque en la rueda del viernes, impulsado por los papeles de la salud y los financieros, el Promedio Industrial trepó un 0,53%, a 12.640,78 puntos. Sin ninguna duda, lo peor en la semana fueron las empresas vinculadas a la energía, que perdieron un 3,3 por ciento, mientras lo mejor pareció pasar por las firmas intermediarias del dinero, que terminaron casi sin cambios (aunque esto pareció vincularse más a la cobertura de una sobreventa exagerada ante el temor de lo que pasaba en el Viejo Continente y a la esperada rebaja crediticia de su deuda, que a una auténtica suba). La estrella, sin embargo, fue la denostada Facebook (gana un 21 por ciento en las dos últimas semanas), a la que muchos se adelantaron a criticar injustamente, sea por ignorancia, moralina o malas intenciones (con esto no recomendamos ni la compra, ni la venta, ni la manutención del papel).
Con la amenaza de la Justicia de dar por tierra con la reforma de salud y la reunión de los líderes europeos (jueves), esta semana viene difícil.
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