10 de septiembre 2009 - 00:00

Solanas clama en el desierto (del oro)

En «Tierra sublevada», Solanas pone el foco en la llamada megaminería, que revienta cerros enteros, muele y procesa las piedras con cianuro, contamina el agua cuando no la agota, entre otras cosas.
En «Tierra sublevada», Solanas pone el foco en la llamada megaminería, que revienta cerros enteros, muele y procesa las piedras con cianuro, contamina el agua cuando no la agota, entre otras cosas.
«Tierra sublevada. Oro impuro» (Argentina-Venezuela., 2008, habl. en español). Guión y dir.: F. Solanas. Documental.

En principio, el tema que trata este nuevo documental de Pino Solanas no les incumbe a los espectadores tanto como el anterior, «La próxima estación», que era sobre el calamitoso estado de los trenes, hoy mayormente suburbanos. Pero debería interesarles: si las cosas siguen como están, mucha gente que aparece en «Tierra sublevada. Oro impuro» terminará viniendo para estos lados y sumándose a la multitud de usuarios de trenes suburbanos. Porque es tierra arrasada lo que les está quedando en sus provincias.

Acá Solanas pone el foco en los manejos de la llamada megaminería, que desde los 90 viene reventando cerros enteros, luego muele y procesa con cianuro las piedras, extrae no sólo oro (para lo cual tiene licencia) sino también otros minerales todavía más raros y valiosos, agota también cantidades impresionantes de agua, deja el cianuro y demás residuos filtrándose hacia napas bebibles, y manda todo al exterior, con apenas un pago simbólico de regalías.

Aún más, a las empresas que hacen esto el Estado les devuelve el IVA por anticipado y con una yapa. Vale decir, superexplotación, destrucción del paisaje, contaminación (que incluye lluvia ácida) y otras amabilidades, por un lado. Y por otro, incumplimiento evidente de los deberes de funcionarios públicos, descuidos de aduana, connivencia, cohecho, estafa pública, etc., porque una cosa sería imposible sin la otra.

Solanas no logra hablar con los mayores responsables de las empresas, pero registra un secretario bien vestido y con maravillosa cara de piedra atendiendo los reclamos y acusaciones de la gente de los pueblos afectados. Agrega también un gobernador ofreciendo entusiastas declaraciones de un venturoso porvenir. Esos momentos son dignos de antología. Digna de atención y respeto, en cambio, la estatura y claridad de los varios técnicos e ingenieros consultados, un maestro rural, ambientalistas, los sencillos pobladores que pertenecen a la tierra desde hace generaciones, y, como dice el título, se sublevan.

Como bien destaca el final del trabajo, esos reclamos han logrado que en siete provincias -Chubut, Río Negro, La Pampa, Mendoza, San Luis, Córdoba, Tucumán- se prohiba la minería a cielo abierto con sustancias tóxicas. No así en Catamarca, San Juan, y otras, donde el documentalista se detiene con su cámara, y anota nombres y apellidos.

Cosa lógica, sus palos no se detienen en el gobierno de los 90. Destaca también las leyes refrendadas o impuestas por los gobiernos actuales, favoreciendo este tipo de explotaciones, y el veto presidencial a la Ley de Glaciares que ambas Cámaras habían votado por unanimidad, y que hubiera impedido, o al menos limitado, los daños que está causando una empresa canadiense con libertad de movimientos.

Pronto veremos otro trabajo de Solanas, «Tierra sublevada- Oro negro», tras lo cual asumirá como diputado, dejando en carpeta, por el momento, un par de films sobre el oro verde y los ríos navegables. ¿Pero nadie más levanta su voz sobre estas cosas a través de los documentales? Al contrario, él mismo destaca en esta película un trabajo anterior sobre el mismo tema, «Acecho a la ilusión», de Patricio Schwanek. Pero nadie tiene, todavía, la voz suya, clara, sabedora, con la ofendida ironía de los años. La voz del que clama en los desiertos, y al fin (y más o menos) empieza a ser escuchado.

P.S.

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