En esta columna, sepa disculparnos, no vamos a hablar de los datos económicos de ayer ni de su efecto sobre el mercado. No hacemos esto porque se nos canta, sino porque acusar a tal o cual dato del pasado por el 2,22% que perdió ayer el Dow (cerró en 12.290,14 puntos), sólo sirve para empiojar las cosas. El martes no nos plegamos a la opinión generalizada atando un eventual rescate de Grecia con el 1,03% que ganó el mercado, así que mucho menos vamos a hacer algo parecido con la mayor baja del Dow desde el 11 de agosto pasado. Podrían acotarnos que dado el retroceso del volumen (1.185 millones de papeles en el NYSE) se puede pensar que la baja no fue tan significativa. El problema es que, a) no está demasiado claro si tuvimos o no una caída del volumen (el martes fue el último día del mes y se notó un inusual armado y desarmado de posiciones descubiertas; más allá de esto, descontando ese día la sesión de ayer fue la de mayor volumen en casi dos meses y medio) y b) el ingreso de órdenes a lo largo toda la rueda fue inusualmente parejo (por lo general las órdenes se concentran en los primeros y en los últimos minutos de la rueda) lo que sugiere que no fueron cuestiones puntuales las que impulsaban la baja. De hecho, lo más que llegó a rebotar el Dow durante la sesión fueron 3 milésimos, mientras el 2,33% que perdió el Nasdaq y el 2,28% del S&P 500 hablan de una liquidación horizontal, sin prisa pero sin pausa. En este mismo sentido apuntan el casi 3% que perdió el petróleo (rompió la línea de los 100 al terminar en u$s 99,79 por barril), la suba de los CDS -swaps de seguro contra default- sobre EE.UU. que volaron a 38.49 b.p. (no será mucho, pero es el máximo en más de un año), la baja de la tasa de 10 años al mínimo desde el 1 de diciembre: 2,966%, la suba del oro a u$s 1.538,3 por onza y el 0,35 que avanzó el dólar. ¿Alguna vez le sugerimos prudencia?
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