10 de diciembre 2009 - 00:00

Sólo a unos pasos de los bonos basura

Atenas - El nuevo Gobierno socialista griego llegó al poder el pasado 4 de octubre y se encontró con una crisis económica casi sin precedentes. Pidió entonces 100 días de gracia, pero las agencias de rating apenas le concedieron 63.

Una cita atribuida a Margaret Thatcher dice que «la paciencia es una virtud, salvo cuando hay que apartar los inconvenientes». Y eso debieron pensar los responsables de

Fitch, que el martes rebajaron la calificación de la deuda soberana de Grecia de A- a BBB+, un recorte que la deja sólo dos escalones por encima de la calificación de bono basura.

«El recorte refleja preocupaciones por la perspectiva a medio plazo de las finanzas públicas, dada la escasa credibilidad de las instituciones fiscales y la situación política en Grecia», explicó Fitch.

Asimismo, el lunes Standard & Poors puso en vigilancia negativa a la deuda helena, al considerar que «los planes presentados por el nuevo Gobierno probablemente no podrán garantizar una sostenida reducción de los déficit fiscales y del problema de la deuda pública».

¿Qué llevó a las agencias a revisar el caso griego apenas unos días después de anunciar todo lo contrario? La situación macroeconómica del país es muy preocupante, como reconoció su ministro de finanzas, George Papaconstantinou. Por un lado, el déficit público es ya del 12,7%, cuatro veces superior a los máximos permitidos en el Pacto de Estabilidad de la UE. Además, el Ejecutivo admite que la polémica deuda, la más alta de los países del euro, podría dispararse al 135% del PBI en los próximos dos ejercicios.

El martes, el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, indicó que la Comisión «está dispuesta a asistir al Gobierno griego en el diseño de un programa global de reforma y consolidación» para hacer frente a unos «desafíos económicos y fiscales muy importantes».

A principios de semana, Papaconstantinou, responsabilizando al anterior Gobierno de Kostas Karamanlis -en el poder desde 2004 hasta octubre de 2009- de la situación actual, aseguraba que «restaurar la credibilidad de Grecia no puede hacerse de un día para otro. Las reformas políticas adoptadas hoy producirán resultados en el futuro, por ello, lo que Grecia necesita de sus socios es una suspensión de la incredulidad».

El primer paquete de medidas consistió en un borrador de Presupuestos Oficiales para 2010 que, en teoría, recortará el déficit público en un 3,6%, dejándolo en el 9,1% del PBI. Sin embargo, los mercados parecen no confiar en las promesas.

La «dramática situación» fiscal del país puede tener consecuencias peores el año que viene si las agencias de rating siguen evaluando negativamente la deuda nacional.

Analistas citados por The Wall Street Journal aseguran que si bien de cara a 2010 es posible que la situación de la deuda no tenga más consecuencias directas, en 2011 el Banco Central Europeo, con sus actuales normal, tendría que dejar de aceptar los bonos griegos como garantía (collateral) a cambio de préstamos temporales.

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