Sorpresa y fastidio de la CGT por el acople del Gobierno al acto sindical del 18

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La noticia de que el Frente de Todos abandonaba su convocatoria del Día de la Lealtad llegó incluso después de un encuentro de gremios para organizar su propia marcha.

La suspensión del acto por el Día de la Lealtad que el Gobierno había programado para el domingo 17 de octubre y la irrupción por parte del oficialismo en la conmemoración que montó para el día siguiente la CGT causó sorpresa y malestar en la central obrera, que tenía en vista realizarla por su cuenta, según sus criterios y con el objetivo de presentarse en sociedad como el nuevo escudero de la administración de Alberto Fernández. La improvisación que los gremialistas percibieron en el Ejecutivo con el cambio puso una sombra en el renovado vínculo que la organización ostentaba con el Frente de Todos, en general, y con el jefe de Gabinete, Juan Manzur, en particular.

Anoche imperaba el fastidio entre los principales dirigentes de la “mesa chica” de la CGT. Varios de ellos se enteraron de la suspensión del acto del 17 al mismo tiempo del anuncio oficial, y cuando ya había concluido una reunión en la sede de la central para ultimar detalles organizativos de la marcha sindical que se hará el lunes 18 desde las 14 con dirección al Monumento al Trabajo y que tiene como hito la lectura de un documento sin discursos de oradores. Es que los gremios ya tenían todo listo para su convocatoria, incluso el organigrama, el texto a distribuir y el orden de las columnas en función del aporte de afiliados de cada uno de ellos.

La incertidumbre era tal que ningún jefe sindical se animaba a asegurar que no habría cambios en el formato programado en vista de la inesperada incorporación de todo el aparato partidario a una convocatoria inicialmente sólo de los gremios y los movimientos sociales aliados al oficialismo. Incluso cuando los más optimistas afirmaban como posible una congregación de medio millón de personas a cargo de los sindicatos de mayor porte y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, la irrupción de dispositivos como los de los intendentes peronistas o La Cámpora amenazaban con desguazar todo el montaje hecho hasta ayer.

Para hoy la conducción de la CGT esperaba un llamado de Manzur para acercar criterios y suavizar rispideces. De hecho, pese a un acercamiento previo a las PASO, la relación entre la cúpula de la central obrera y La Cámpora volvió a tensarse en las últimas semanas. Y, a diferencia de la etapa antes de la votación de agosto, ahora es la jefatura gremial la que se considera empoderada y sin necesidad de ejercer diplomacia con el espacio más cercano a Cristina de Kirchner.

Hasta la media tarde de ayer todo era armonía en la sede de la central sindical, en Azopardo 802. Allí se desarrolló una reunión multitudinaria, como cada martes en las últimas semanas, con la participación de todos los sindicatos llamados a la organización del acto del 18. Incluso ayer se incorporaron algunos que permanecían fuera del armado como la Asociación Bancaria, de Sergio Palazzo o el sindicato de curtidores, de Walter Correa, ambos con línea directa con el Instituto Patria. Entre los presentes ayer estaban el secretario adjunto de la CGT, el estatal Andrés Rodríguez (UPCN) y el secretario de Prensa, Jorge Sola (personal del seguro).

Otros secretarios generales que se acercaron para dar su opinión fueron el propio Correa, Carlos Sueiro (Aduana) y Pablo Biró (pilotos aeronáuticos), junto con dirigentes de segundas líneas de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra), Camioneros, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y municipales porteños. También estuvo representada la UTEP, la central de movimientos sociales que lidera Esteban “Gringo” Castro y que está llamada a incorporarse como “pata piquetera” a la CGT en el Congreso de renovación de autoridades del 11 de noviembre como entidad “oyente” y sin voto, en un Observatorio de Políticas Sociales de creación ese mismo día.

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