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Sospechas y dudas inquietantes se adueñan de Venecuba
El historial de Valdez es pesado. Desde Sierra Maestra y el asalto al Moncada, pasando por el servicio secreto, el Ministerio de Interior y hasta hoy, en su doble rol de vicepresidente del Consejo de Estado y ministro de Informática y Comunicaciones, Valdez dejó varios títeres sin cabeza. Por eso el anuncio oficial de su llegada a Venezuela para «asistir» en la crisis eléctrica provoca aquí algunas interpretaciones preliminares.
Una, que Chávez lo saca de la galera y lo muestra, no como un conejo de piel blanca y suave, sino como una hydra fantástica que viene a echar bilis sobre una Venezuela que escala en crisis y desorden. «¡Cuídense, que me importé al mejor represor!», sería el mensaje.
La otra es, en cambio, menos explícita. Valdez vendría, sí, a apuntalar a Chávez, pero dentro del desmoronamiento del proyecto fidelista para Venezuela. Que además de proyecto político (especialmente para Chávez) es, para los Castro, un proyecto económico. Cubazuela o Venecuba. Una liga, como la hanseática del siglo XIX, que puede completarse con los «satélites menores» adscriptos al ALBA. Y que para el aislamiento e inviabilidad económica de la isla de los ya veteranos Castro, es la última tabla de salvación. La última bola.
Cabe, todavía, una tercera. Chávez, últimamente «ponchao» (sacado de base en el béisbol) por los estudiantes que le tomaron la calle, la imprevisibilidad de los apagones -que le ganan a la programación de los cortes-, la inseguridad, el derrumbe de las industrias básicas, la caída de la renta petrolera y el malhumor social por escasez de alimentos e inflación, ya no confía en nadie sino en sí mismo. Y un poco, todavía un poco, en los «tíos» Castro. Por eso, si los médicos cubanos que empezaron a llegar a Venezuela desde 2003 para las Misiones Barrio Adentro (de asistencia médica) suman hoy 32.000 o más; si las instalaciones eléctricas compradas a la isla para paliar la crisis energética son 17 o menos; si las cavillas que llegan esta semana a la planta de Sidor las mandan de La Habana o no, si los millones de bombitas de bajo consumo para reemplazar a las venezolanas las embarcaron en Cuba, pero las hicieron en China; si los cubanos manejan la mayoría de las escribanías venezolanas y controlan el ONIDEC (documentación), o tienen la mayoría de las acciones de CANTV (telefonía y acceso a Internet), todos esos datos son, ahora, aleatorios. Lo importante, a partir de ahora, es quiénes vienen con «Ramirito» Valdez y qué hará frente a la crisis. Eléctrica, o como quieran llamar a esta crisis «desmerengada».


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