22 de abril 2013 - 00:00

Strindberg: sobre el peso de cargar con una culpa ajena

Luciano Suardi estrenó una obra de August Strindberg nunca representada en el país, “Pascua”.
Luciano Suardi estrenó una obra de August Strindberg nunca representada en el país, “Pascua”.
Una de las obras menos difundidas de August Strindberg, "Pascua" (1900) llegó el pasado viernes a Buenos Aires, traducida por primera vez al español y con actores bilingües pertenecientes a la segunda generación de exiliados latinoamericanos y españoles en Suecia. "Pascua" aborda un drama familiar donde el delito de un padre estafador hace recaer sobre sus hijos el estigma de la deuda y de la culpa. El actor y director Luciano Suardi, responsable de la puesta, la montó en el Alias Teatern de Estocolmo al conmemorarse el centenario de la muerte de Strindberg. Las funciones tienen lugar, en la sala Sarmiento del Complejo Teatral de Buenos Aires (Avenida Sarmiento 2715).

"Es un elenco en el que conviven varios acentos" --señala Suardi--. "Son actores que experimentaron el exilio o la migración y conviven con el sentimiento de ser extranjero en su propio país. Las familias mixtas son muy comunes en Suecia, por eso la familia Heyst, protagonista de la obra, es bilingüe, con un padre sueco y una madre argentina".

En el país, Suardi ha llevado a escena obras tan destacadas como "Panorama desde el puente" de Arthur Miller, "Tres hermanas" de Anton Chejov y "¿Quién le teme a Virginia Woolf?" de Edward Albee, entre otros títulos. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo surgió este proyecto?

Luciano Suardi: Por iniciativa del Alias Teatern. Es una compañía independiente creada por latinoamericanos exiliados. Tienen una sala preciosa de 90 butacas en Estocolmo y le propusieron al Complejo Teatral este intercambio con el apoyo de la Embajada sueca.

P.: ¿Cuál es el principal conflicto de la obra?

L.S.: Todo gira en torno a la culpa del padre que está preso por malversación de fondos, lo que condena socialmente a su familia. Son la esposa y los hijos de un estafador y viven encerrados en su casa para que la gente no los señale. Yo asocié ese conflicto con una sensación que siempre me interesó mucho, la de sentirse extranjero en el propio país. Y además ellos están en esa ciudad por el trabajo del hijo y no quieren vivir ahí. Todos añoran la tierra natal que para ellos es el hogar y anhelan regresar allí. Esta característica vuelve más significativo este proyecto del Alias Teatern, en donde hay muchas historias de exilio y de migraciones.

P.: ¿Cómo tramita la culpa cada miembro de la familia?

L.S.: El hijo mayor cuestiona ¿por qué tengo que heredar la culpa de mi padre? Es una gran pregunta de la obra. ¿Tenemos que estar todos condenados por la mala acción de uno? La hija enloquece cuando llevan preso al padre, la esposa es una negadora. Insiste en que hubo error en el juicio a pesar de que su marido se confesó culpable.

P.: ¿Es tan terrible el crimen de ese hombre?

L.S.: Es un corrupto. Entre otras cosas se apropió de unos fondos de tutela para huérfanos. Uno de ellos, Benjamín va a vivir con la familia del estafador. Lo tienen que mantener y alimentar en su casa para pagar la deuda.

P.: Esta historia de corrupción que amenaza con destruir a una familia suena muy actual.

L.S.: Así es.

P.: Mejor volvamos a Strindberg.

L.S.: La obra tiene una connotación religiosa porque sucede en Semana Santa. Luego de un jueves y viernes de dolor, todos esperan el Domingo de Resurrección. Y esto también se refleja en la naturaleza con la llegada de la primavera que suele coincidir con Pascua y es un signo de esperanza después de un invierno, oscuro y gélido. Después de un jueves santo primaveral y cuando las desgracias parecen haber terminado, al otro día nieva otra vez y pasan cosas peores.

P.: ¿Strindberg sigue siendo un prócer en Suecia?

L.S.:
En una biografía que me regalaron en Suecia, la autora se lamenta de que sólo se lo conozca por su misoginia y por "La señorita Julia". Todo el libro es un alegato a su favor, que rescata sus investigaciones a favor de la mujer y su enorme producción literaria y dramática. En Estocolmo hay un museo Strindberg, pero también me enteré de que para la conmemoración del "Año Strindberg", el gobierno noruego puso más dinero que el gobierno sueco.

Entrevista de Patricia Espinosa

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