23 de octubre 2009 - 00:00

Su virtud es su defecto: campechano

Su virtud es su defecto: campechano
Montevideo - En la década del 60, José Mujica intentó cambiar el rumbo de Uruguay como uno de los líderes de un movimiento guerrillero de izquierda. Más de cuarenta años después, durante los cuales vivió en la clandestinidad y pasó más de una década en prisión, apuesta a ganar las elecciones presidenciales del domingo con «armas» políticas y dar a la coalición de izquierda Frente Amplio un segundo período consecutivo en el poder.

En los últimos años, Mujica suavizó su discurso y en mayo renunció al Movimiento de Participación Popular (MPP), uno de los grupos más radicales del Frente Amplio y que incluye a ex miembros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), la antigua guerrilla urbana a la que perteneció.

«No creo más en blanco y en negro, creo en los tonos intermedios. La vida es mucho más complicada y no acepto las dicotomías», dijo el senador y ex ministro de Ganadería de 74 años en una entrevista con el sitio de internet www.observa.com.uy.

Su coloquial forma de hablar, que incluye frecuentes exabruptos y un estilo desaliñado de vestir, lo han hecho blanco de críticas dentro y fuera de su fuerza política.

Su pasado guerrillero despierta dudas, pese a que ha intentado moderar su impacto con una imagen más estilizada y llevando a su lado como compañero de fórmula a Danilo Astori, ex ministro de Economía de Vázquez.

«Mujica es un personaje que crea grandes amores y grandes odios, pero igual el votante frentista lo vota. El tema es la masa indecisa, que es la que define la elección», afirmó la analista política Teresa Herrera.

El MLN fue una guerrilla urbana que actuó en la década del 60 y a inicios de la siguiente protagonizando enfrentamientos con la Policía y el Ejército, secuestros y asesinatos.

Mujica fue detenido en 1970 pero logró escapar en dos ocasiones, en una de ellas junto a más de cien militantes por un túnel construido desde la cárcel hacia una vivienda cercana.

Las fuerzas de seguridad acabaron con la guerrilla antes del golpe de Estado de 1973, cuando comenzó una cruda represión contra simpatizantes de izquierda que dejó doscientos desaparecidos.

Tras años de torturas y encerrados en condiciones inhumanas, los presos políticos fueron liberados en 1985, al regreso de la democracia al país.

Pese a ser una de las figuras de la ex guerrilla y de la actual coalición de izquierda, Mujica, cuya niñez y adolescencia transcurrieron en la chacra de su madre en las afueras de Montevideo, inició su vida política en un sector del centroderechista Partido Nacional, ahora su rival más próximo. Según analistas, ese mismo estilo directo y campechano lo llevó a ser el senador más votado en las elecciones de 2004. Y también fue el factor que le permitió imponerse a Astori, el candidato preferido del presidente Vázquez, en las elecciones internas de junio último.

Mujica y su esposa, la senadora y ex compañera de guerrilla Lucía Topolansky, viven en una chacra y donan parte de su sueldo a un fondo para pequeños emprendimientos familiares, al igual que el resto de los integrantes del MPP. La vivienda, en Rincón del Cerro, un barrio rural de Montevideo, será su lugar de residencia aunque gane las elecciones.

Tras recientes declaraciones que generaron airadas protestas hasta de Vázquez, Mujica limitó su contacto con la prensa.

Agencia Reuters

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