Una de las pocas dudas en torno a la ampliación del permiso de emisión del Tesoro por parte del Congreso, es que estamos todos tan seguros que esto ocurrirá que queda abierta la posibilidad que tal vez nos equivoquemos. Otro elemento en este mismo sentido es la proverbial sonsera de los políticos (la palabra más apropiada en realidad no comienza con s) que puede más que la lógica o la prudencia y eventualmente nos puede llevar a algo parecido a un default. Parecido, porque lo que ocurra depende de qué gastos decida priorizar el Tesoro a partir del 2 de agosto, si es que no consigue la mentada extensión. Lo interesante es la renuencia de los analistas a tratar este tema, colocando la crisis europea a la cabeza de las excusas que expliquen cualquier cosa parecida a malhumor o nerviosismo en el mercado. En este frente el llamado del ministro de Finanzas alemán a romper el oligopolio de las calificadoras de riesgo porque el martes Moody´s le bajó el rating a Portugal -argumentó que los portugueses ya hicieron todo lo que les solicitaron la UE, el BCE y el FMI; pero no mencionó que Grecia, encaminada hacia una tercera chance de default hizo lo mismo dos veces en un año-, fue más propio del funcionario patoteril de alguna republiqueta seudodictatorial, que del encargado de asesorar el manejo de los dineros de la mayor economía europea. Con el dólar ganando terreno frente al euro y cediéndolo ante el yen, reaccionando en parte a la tercera suba de tasas en China para lo que va del año (cada día es más ostensible que a pesar de ser una de las economías más reguladas del planeta no logra frenar la inflación) y a pesar que el único dato macro del día (índice ISM) fue peor a lo esperado el Dow avanzó un 0,45% a 12.626,02 puntos. Pero atención: la estrella de la jornada fue, por segundo día consecutivo, el oro, que trepó un 1,07% a u$s 1.528,5 por onza.
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