19 de enero 2015 - 00:00

Sueño de una noche de verano, y junto al río

Teresa Floriach, Michal Znaniecki y Jon Paul Laka pondrán en escena “La reina de las hadas”, de Purcell, basada en Shakespeare, al aire libre en el Tigre.
Teresa Floriach, Michal Znaniecki y Jon Paul Laka pondrán en escena “La reina de las hadas”, de Purcell, basada en Shakespeare, al aire libre en el Tigre.
El polaco Michal Znaniecki ha sido director de más de 150 espectáculos en teatros de ópera y en festivales de países europeos, asiáticos y americanos y hasta en el Teatro Colón. Interesado por salirse de los moldes, ha armado producciones operísticas al aire libre, la más reciente de las cuales fue "La Traviata" en el desierto de Masada para la Ópera de Israel. Y acaba de encarar "Il Trovatore" para la temporada 2014/15 del teatro San Carlo de Nápoles y el "Faust" para la Ópera de Budapest.

El vasco Jon Paul Laka es músico, docente y gestor cultural. Fue, hasta el año pasado, director artístico de la Ópera de Bilbao. La catalana Teresa Floriach vive desde hace tiempo en Argentina. Es actriz y también productora.

El proyecto que los une ahora se llama "Festival Ópera Tigre" y va mucho más allá de una representación artística. Los días 28 y 29 de enero a las 20 presentarán, en un lugar que bautizaron Kaiola Blue en el arroyo Gálvez, a media hora de transporte acuático-, una versión muy personal de "La reina de las hadas", la ópera de Henry Purcell sobre textos de "Sueño de una noche de verano" de William Shakespeare, una obra estrenada en Londres justamente al aire libre- en 1692. Antes, el domingo 25, la soprano Ewa Biegas ofrecerá el concierto "Ninfas, hadas y sirenas". Sobre este proyecto, que llegará al público con entrada libre, dialogamos con Znaniecki, Laka y Floriach.

Periodista: En principio, sorprende que gente con los antecedentes que ustedes tienen lleguen a este apartado lugar del mundo para hacer una propuesta artística "por amor al arte".

Michal Znaniecki: Puede sonar raro pero es así. Cuando uno se mueve en el terreno de lo muy profesional, cuando están los empresarios que tienen como único objetivo ganar dinero, a veces se complica ser artista.En el Tigre encontré un lugar mágico que, además, puede ser un paraíso teatral. Es un lugar que me propone la utopía sobre la que deseo trabajar; allí me encontré nuevamente con gente que cree en el arte. Los argentinos, y particularmente los porteños, no tienen idea de lo que es el Tigre. Está a poca distancia de un aeropuerto internacional y de una ciudad como Buenos Aires y, al mismo tiempo, ofrece la posibilidad de aislarsepara el que lo desee.

Jon Paul Laka: Yo sé que es extraño a la mirada de ustedes. En lo personal, vengo de España, donde hay una crisis importante que ha dificultado mucho lo artístico. Así que para nosotros es un desafío interesante armar todo esto desde abajo, con un sentido de pureza. En la Argentina he encontrado una actitud entusiasta que no siempre se encuentra en Europa.

M.Z.: Agregaría que hay aquí también un público muy curioso. En Europa, la gente va a una ópera y cuando termina se va a su casa. Acá percibo una actitud curiosa que los lleva a preguntarme y hasta a mandarme mails para seguir hablando de un espectáculo.

Teresa Floriach: Hace unos cuantos años que vivo aquí y sé que a los argentinos, que se reconocen como quejosos y melancólicos, les cuesta imaginarse como curiosos, ávidos y dispuestos a nuevos desafíos. Puede parecer una paradoja, pero ambas cosas conviven en ustedes.

P.: Concretamente en lo artístico, ¿qué desafío plantea trabajar sin las herramientas que ofrece un teatro convencional?

M.Z
.: No somos los primeros en apostar a este tipo de cosas. El Festival de Ópera de Bregenz, por ejemplo, viene trabajando hace tiempo en escenarios no convencionales. Yo mismo lo he hecho. Me interesan el río y el agua, pero también monté un escenario de la nada en el desierto israelí. Volviendo a su pregunta, esto de salir del formato del teatro a la italiana, de trabajar gratis con artistas que trabajan gratis, es como volver a ser niño. Es salirse de la rutina europea para volver a un nivel de trabajo universitario. Es pasar de los varios millones de dólares con que pusimos "Traviata" en Masada a los 0 pesos que tenemos ahora. No es que no nos gustaría trabajar con sponsors; eso nos permitiría cosas que así no son posibles. Pero mientras los buscamos, salimos a mostrar nuestro trabajo.

P.: No terminó de contestar la pregunta sobre la adaptación artística que este cambio significa.

M.Z.:
No hay que confundirse. La ópera convencional, hecha en un teatro y con todas las comodidades, es una jaula de oro. Tiene también sus limitaciones: hay una caja que obliga a todos a mirar para el mismo lado, hay un director en un determinado lugar, hay músicos que tienen que estar ocultos, etc. La isla tiene otras limitaciones, y sobre ellas trabajamos. Por ejemplo, no habrá una platea mirando hacia un escenario. Habrá diez estaciones con el público acompañando los distintos momentos de lo dramático y musical. Y será una combinación de artistas profesionales con grupos amateurs de gente de la isla, con talleres de niños del lugar. Contamos en este caso con la ventaja de que la misma obra de Purcell propone cierto caos. Shakespeare tiene una narrativa que ordena todo. Pero podemos tomarnos libertades sin perder el eje. Yo soy amante y los practico- de los deportes de riesgo. Ahí aprendí que a la naturaleza no hay que pelearla sino aceptarla y acompañarla. Con esa filosofía también pienso este tipo de propuestas. Porque, por caso, hay días en que el silencio es absoluto y hay otros en que el ruido del agua y del viento no permite escucharte. Con eso hay que trabajar.

J.P.L.: A mí, que junto con el bandoneonista Pablo Mainetti, me tocó hacer la adaptación y los arreglos musicales, lo que me interesó fue aprovechar esa libertad para buscar otros timbres, que no son los habituales del período barroco al que pertenece esta ópera. Por eso habrá un acordeón (que toco yo), un bandoneón (que toca Pablo) y una guitarra eléctrica mezclados con flauta de pico y con violín, aunque de afinación actual y no antigua, por supuesto.

P.: ¿Qué es Kaiola Blue? ¿Un lugar, un proyecto, una propuesta artística?

T.F.:
Todo eso. Ahora es una casa que será más grande en el futuro, porque la idea es que sea también un centro cultural para la gente de la zona, donde se puedan hacer talleres y distintas actividades.

M.Z.: Es que arrancamos con esta ópera barroca, mucho más libre, para arrancar. Pero la idea es poder hacer también "Madame Buterfly" o que nos escriban especialmente óperas actuales para este lugar y pensadas para este espacio.

P.: Volviendo a "La reina de las hadas", ¿cuánta gente forma parte de la representación y cómo se puede llegar hasta el lugar para verlo?

T.F.:
Somos un grupo numeroso que participamos de algún modo. Puedo nombrar a los cantantes Ewa Biegas, Ana Moraitis, Gustavo Ariel Vita, Juan Feico y Pablo Cameselle. Los músicos son Pablo Mainetti, Jon y el guitarrista Pedro Chalkho. Pero hay además una lista larga de actores, bailarines y coreutas. Me parece justo mencionar la coreografía de Diana Theocharidis, las luces de Bogumil Palewicz y la escenografía de Luigi Scoglio. Por último, para llegar hasta Kaiola Blue hay que tomar la lancha interisleña en el Arroyo Gálvez e ir hasta Las Cañas en el Arroyo Espera. Pero también habrá un transporte especial que montaremos esos días.

Entrevista de Ricardo Salton

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