22 de enero 2009 - 00:00

Surge en Israel un palpable resquemor

Ehud Olmert
Ehud Olmert
Jerusalén - Israel leyó con cautela el discurso de investidura de Barack Obama, al que felicitó por su toma de posesión, y estudia con particular interés su llamamiento a iniciar una nueva relación entre Estados Unidos y el mundo musulmán.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, felicitó a Obama y le deseó éxito en su gestión «para hacer avanzar la paz y la estabilidad en Medio Oriente», mientras que el presidente, Shimon Peres, dijo que su elección supone «un cambio histórico» y «corrige uno de los grandes errores en los anales de la historia».
Declaraciones aparte, lo cierto es que en su investidura, Obama no hizo mención al conflicto palestino-israelí, cuya solución resulta más apremiante a la luz de la última ofensiva militar de Israel que se ha cobrado las vidas de más de 1.400 palestinos y dejado 5.500 heridos en Gaza.
«Israel no ha sido mencionado en el discurso, pero sus líderes deben escuchar con cuidado el mensaje que salió el martes de Washington. Es imposible confundirse: Obama pretende poner fin a la política de su predecesor, George W. Bush, quien alentó el uso de la fuerza sobre la diplomacia», advirtió ayer en un editorial el diario Haaretz.
Obama no sólo no se refirió a Israel, su principal aliado en la región, sino que exhortó a una nueva forma de relación entre EE.UU. y el mundo musulmán basada en intereses comunes y respeto mutuo.
«En esta declaración, Obama deja fuera al islamismo fundamentalista y al terrorismo, lo que significa que de hecho, EE.UU. e Israel combaten el mismo enemigo», es la opinión del profesor Eitán Gilboa, experto en política exterior estadounidense, Medio Oriente y cooperación estratégica.
En su llamamiento -apuntó el experto - Obama habla a los países árabes moderados, tradicionales aliados de EE.UU., como Jordania, Egipto o Arabia Saudita aunque «está tratando de llegar a otros actores en la región, lo que incluye negociar con Irán».
Y he aquí una de las cuestiones que levantan más ampollas en Israel, que ha reiterado hasta la saciedad su oposición a que se negocie con el
régimen de los ayatolás, mientras siga respaldando a organizaciones «terroristas» como Hamás o Hizbulá. El flamante inquilino de la Casa Blanca se mostró dispuesto a luchar contra el terrorismo que «asesina a inocentes», pero al mismo tiempo, «a trabajar con viejos amigos y antaño enemigos» para reducir la amenaza nuclear, en clara alusión a Teherán.
Efraim Inbar, director del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat, cree que «Obama trata de hacer nuevos amigos» en el mundo islámico.
El especialista recordó, no obstante, que sobre la cuestión iraní «la mayoría de los israelíes cree que el diálogo con Irán sobre la cuestión nuclear fracasará».
El viceprimer ministro israelí, Haim Ramón, dejó claro ayer cuál es la posición y los temores de su país al declarar a la radio pública, excusándose: «No temamos al presidente Obama». Sobre el conflicto palestino-israelí, agregó el viceprimer ministro, «estoy convencido de que el presidente Obama y su equipo quieren alcanzar lo que es esencial para Israel, dos estados para dos pueblos».
«Perseguirá de forma más agresiva, pero con cautela, la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos y quizá emplee algunos mecanismos de la administración Bush, como la solución de dos estados», apunta el profesor Gilboa.
Para ello, se apoyará en dos factores claves, como son la secretaria de Estado, Hillary Clinton, familiarizada con este conflicto en el que se involucró muy especialmente su marido Bill Clinton, y en otros actores, como podría ser la Unión Europea. Del discurso de Obama se puede leer entre líneas lo que parece un mensaje claro: EE.UU. seguirá del lado de Israel, pero en una nueva era en la que prime la supremacía de la negociación frente al empleo de la fuerza.
Agencia EFE 

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