25 de marzo 2015 - 00:00

Susana Giménez volvió al género que mejor le sienta

Arturo Puig lleva el humor de la pieza hacia un formato casi revisteril, pero la comedia, simple y directa, tiene múltiples posibilidades para el lucimiento de su estrella principal.
Arturo Puig lleva el humor de la pieza hacia un formato casi revisteril, pero la comedia, simple y directa, tiene múltiples posibilidades para el lucimiento de su estrella principal.


"Piel de Judas" de P.Barillet y J.P.Grédy. Dir.: A.Puig. Int.: S.Giménez, A.Grimau, M.Antonópulos y otros. Esc.: A.Negrín. Dis.Luces: M.Demaría. Vest.: X.Puig y M. Amado. (Teatro "Lola Membrives")

En su gran regreso, después de 24 años, e irrevocable despedida del teatro -esa "gran prisión de oro", según su propia definición- Susana Giménez confirmó lo que todo el mundo sabía: la comedia ligera es el género que mejor le sienta. A diferencia de otras estrellas de la televisión, cuando la diva de los teléfonos sube a un escenario lo hace sin imposturas y conservando todo su carisma. Es decir, su habitual mezcla de picardía, desparpajo, ternura e inocencia.

"Piel de Judas" (1976) es la historia de Marion Bruker, una mujer intolerante y descortés que para recuperar a su marido infiel simula un radical cambio de carácter.

A ella alude el título original de la pieza, "Peau de vache" ("Piel de vaca"), como apodan en Francia a las personas muy severas y estrictas. Sólo que en esta versión Marion es ante todo muy mal hablada y trata de "boludo" y "pelotudo" a casi todo el mundo, lo que de algún modo acentúa la comicidad del personaje). Su tarea principal es llevar la agenda de su marido, un violinista de renombre al que Antonio Grimau le aporta sobriedad y discreto cinismo. A ese hogar, en aparente armonía, llega una joven e inescrupulosa periodista (Mónica Antonópulos) que antes de seducir al músico se hace amiga de la pareja. Sólo la astucia de la esposa podrá desenmascararla.

Esta pieza de Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy (la misma dupla autoral de "Flor de cactus", "Cuarenta kilates" y "Potiche") no presenta mayores peripecias; su comicidad es simple y directa. Mientras que la puesta de Arturo Puig, lejos de aprovechar los distintos planos que ofrece la inmensa escenografía, lleva el humor de la pieza hacia un formato casi revisteril: poca actividad física, actores mirando a platea y personajes secundarios más bien bizarros (por ejemplo, el matrimonio de nuevos ricos que se visten y comportan como una pareja de payasos).

En contrapartida, Puig logró un momento de gran verdad escénica, en la escena en que Marion le confiesa su desamparo y sus dudas al veterinario del pueblo (David Masjanik). El gran compromiso actoral de ambos intérpretes resalta su mutua conexión.

Por lo demás, la actriz provoca oleadas de suspiros (cada vez que cambia vestuario) y carcajadas (por su indudable talento para decir barbaridades). Pero donde saca a relucir su garra histriónica -y su energía a toda prueba- es durante la inesperada metamorfosis de Marion luego de dejar su vesícula en el quirófano. Vuelve del hospital hecha una santa, toda candidez y amabilidad. Hasta que la actitud abusiva de su rival hace que resurja su temperamento irascible, para regocijo del público y de su ya escarmentado marido.

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