16 de junio 2009 - 00:00

También forcejeos al impedir ingreso

 Ser víctima de forcejeos, apretujones y otras destrezas físicas que ameriten seguir una noticia es parte del oficio de la prensa y una constante para actos del oficialismo. Pero no lo es resistir la inadmisible presión corporal de varios a la vez -y rozando la intimidad sexual- por parte de quienes se ven más fuertes ante el fugaz rol que se les ha otorgado. Pasó ayer, contra las puertas de la sala Pablo Neruda, donde un grupo de adherentes y otro de periodistas se agolpó para ingresar al acto de los intelectuales kirchneristas. A la prensa, además de negarle el acceso, se la atacó cercando su paso con violencia, impidiendo la entrada y el movimiento completo durante casi toda la extensión del acto. Actuaron ayer así militantes de La Cámpora, que anima el hijo presidencial, custodios de ocasión ataviados con camperas negras y otros no identificados que presumían de cuidadores, lo que activistas llaman «aprietes», pero esta vez, literal.

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