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“Tango Argentino” once años después
Para su creador, Claudio Segovia, el espectáculo que se ofrece mañana gratuitamente en el Obelisco, a 11 años de su última puesta porteña, «es como una parábola de la historia del tango».
La idea arrancó en el 72. Viviendo y trabajando en Europa, Segovia empezó a pensar en poner una revista tanguera en Buenos Aires, pero no consiguió quien lo financiara. Pero, el director del Festival de Otoño de Paris, a quien conocía, lo convocó para presentar un espectáculo «diferente». Ya con el fallecido Héctor Orezzoli como compañero en la producción, adaptando la idea original a las posibilidades económicas, con sólo un pasaje de ida, y con un fuerte apoyo económico de su madre, Segovia finalmente pudo lograrlo, y París fue entonces el primer lugar donde «Tango argentino» subió a escena. Era el año 1983. Fueron por pocos días pero terminaron haciendo temporada; y el resto -gira por grandes capitales, admiración de figuras del espectáculo y la política, reconocimiento internacional- es historia conocida. Demorado, el debut argentino se produjo en 1999, con buena convocatoria de público en su puesta inicial y con menos suerte (Segovia lo adjudica a que no se trabajó bien la comunicación) en una posterior del teatro Lola Membrives. Ahora, once años más tarde, «Tango argentino» volverá a subir a escena mañana, a las 20, en un espectáculo gratuito organizado por Cultura de la Ciudad en un escenario instalado en el Obelisco.
Parábola
Periodista: Pasado tanto tiempo de su idea original. ¿Qué diría hoy que es «Tango argentino»?
Claudio Segovia: Es como una parábola de la historia del tango. Es una pieza, en forma de revista, que intenta reflejar al tango en todas sus formas y sus estados: el baile, la música, el canto.
P: En aquel entonces, usted no era un hombre tan ligado al tango, ¿qué lo llevó a pensar en este género?
C.S.: Yo veía que teníamos una música, una danza y una canción que nos representaban, que hablaban de nosotros, que admiraban y respetaban aun aquellos que lo criticaban en público, pero al mismo tiempo tenía una presencia casi nula. Hoy, afortunadamente, todo ha cambiado, pero en aquellos tiempos nadie creía. Cuando hicimos el primer ensayo general en el teatro Alvear, invitamos a amigos y el comentario generalizado era cómo íbamos a ir a Europa con esa troupe de gente grande, ya fuera de circuito, y con un género que era cosa del pasado.
P.: ¿Y por qué el formato de revista siendo que usted estaba más ligado a la ficción?
C.S.: Siempre hay algo de ficción, aun en una revista como ésta. Pero lo que quería era reproducir algo que existía en la vida misma, lo que yo pensaba que era la esencia del género. Por eso, le di un color, una luz, un estilo coreográfico -donde cada bailarín y cada pareja tuvieran, paradójicamente, su propio estilo- que permitieran lograrlo.
Curiosidad
P.: Tratándose de un espectáculo de danza, canto y música instrumental, curiosamente, el mayor reconocimiento ha venido por el lado del baile y es eso lo que más se recuerda.
C.S.: Inclusive le agregaría que tuvo su buena dosis de humor. En las primeras puestas, lo tuvimos a Jorge Luz haciendo un par de monólogos, donde se disfrazaba y cantaba rememorando a las viejas cantantes, que producían gran suceso aún en lugares donde no entendían la lengua. Creo que ese recorte del baile que se ha hecho pasado el tiempo, tiene que ver con que por aquella época, lo que se conocía del tango en París era algo que había quedado en la memoria de la gente mayor, con figuras que habían llegado de los Estados Unidos a través del cine, que no eran precisamente el tango que existía en las milongas de Buenos Aires. Al público europeo o norteamericano, le gustaba todo por igual, y créame que, en el «aplausómetro», artistas co-mo Roberto Goyeneche se llevaban ovaciones tan grandes como las de Virulazo. Pero quizá el baile trascendió más porque era lo más desconocido, o era conocido de otra manera.
P.: Fallecidos muchos de los protagonistas originales y con otros fuera de actividad, ¿cómo se hace para poner ahora «Tango argentino» y conservar su espíritu?
C.S.: Una vez, Jovita Luna dijo que aquí no había estrellas porque la estrella era el espectáculo. Quizá esté ahí parte de la clave. Claro que se extrañan muchos de los que ya no pueden estar. Otros, por suerte sí: Carlos Copello, Carlos Bórquez, María Nieves, María Graña, Raúl Lavié. Tendremos como invitados a Gloria y Eduardo, Miguel Ángel Zotto, Carlos y María del Carmen Rivarola. El resto del cuerpo de bailarines mezcla milongueros no tan conocidos y parejas jóvenes. Lo mismo pasa con los músicos: Cristian Zárate dirigirá una gran orquesta que tiene, entre otros, a Walter Ríos, Pablo Agri, Horacio Romo y Pablo Mainetti.
P.: ¿Esta nueva puesta implica un proyecto de continuidad?
C.S.: Por ahora es esto, pero ojalá que pudiéramos seguir. Siento el orgullo de haber contribuido a instalar nuestro género nacional en todo el mundo. Y ahora disfruto mucho de esta posibilidad de ponerlo en un lugar tan significativo de Buenos Aires como la Avenida 9 de Julio.
Entrevista de Ricardo Salton


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