24 de marzo 2014 - 00:00

Tarea para el hogar: gasto sólo tiene que subir 25%

Es común leer y escuchar dos conceptos que marcarían un cambio de la estrategia del Central. Uno que hace a la "fuerte devaluación" de fines de 2013 y principios de este año, y el otro, a la decisión de "subir la tasa de interés". A continuación veremos que ambas afirmaciones son simplificaciones que no reflejan la realidad y trataremos de identificar qué se debería hacer a futuro para avanzar en la estabilización de la economía que, hoy, está "atada con alambres".

Lo primero es entender que lo que se devalúa es el peso y en los últimos años el BCRA ha estado depreciándolo fuerte para cobrar el cuantioso impuesto inflacionario que le ha tenido que transferir al Gobierno para que pague sus excesos de gasto. Lo que sucede es que, desde la vigencia del cepo, ha reconocido en el tipo de cambio oficial una pérdida de valor de nuestra moneda mucho menor que la real; por ello el atraso observado en el valor del mercado controlado. Lo que ha hecho en los últimos meses la nueva administración del Central es reconocer parcialmente esa devaluación previa, llevando el dólar oficial a alrededor de $ 8. Por supuesto, dado que el cepo ha permitido quitar alguna competencia por las divisas de ese mercado (parte de la de los particulares y de las empresas), es lógico que el tipo de cambio oficial sea menor que el que refleja el verdadero valor del peso; pero aun teniendo en cuenta este punto, creemos que el precio actual es menor que el de equilibrio de dicho mercado. Así, no parece buena idea que el actual valor se mantenga en el tiempo y dado que el peso sigue depreciándose debería tender a subir para evitar futuros nuevos atrasos que determinen nuevas futuras pérdidas de reservas. Sin embargo, esto no significa necesariamente que el dólar cepo deba seguir la evolución de los índices de inflación, ya que, por el momento, éstos estarán distorsionados por las modificaciones de precios relativos que generó su suba. Se equivoca quien dice que esto no debería ser así. Un señor que produce algo exportable, si el dólar que le pagan sube el 20%, tendrá la opción de colocarlo en el exterior a ese valor; por ende, para vendérselo a un argentino le pedirá un precio similar. Un empresario que produce algo importable verá que quien lo trae de afuera tiene que aumentarlo en un 20% y, por ende, ofrecerá sus productos a un valor cercano a ése. Sin embargo, dado que el ingreso de los consumidores es finito, para seguir comprando alimentos, bebidas, ropa y medicamentos tendremos que bajar nuestro gasto en otros sectores (ej. servicios) y éstos deberán moderar sus precios. Por lo tanto, si bien el IPC mostrará un salto en los primeros meses posteriores al salto del tipo de cambio oficial, luego tenderá a acomodarse a la evolución de la depreciación del peso, que dependerá de la política monetaria. Aquí es donde pasamos a la otra afirmación, la del alza de tasas.

En realidad no es un cambio de política monetaria en sí, sino el resultado de un cambio en ella. Lo que está haciendo la actual dirección del Banco Central es modificar la forma en la que se hace de los recursos que le transfiere al Gobierno para que gaste. Antes lo hacía con reservas y cobrando impuesto inflacionario, es decir emitiendo más pesos de los que demandaba el mercado y depreciándolos. De esa forma, se apropiaba de parte del poder adquisitivo de lo que los argentinos teníamos atesorados en moneda nacional y, con esos recursos, terminaba financiando el gasto público. Pero además el exceso de liquidez que se generaba en el mercado presionaba a la baja de la tasa de interés. Ahora, para contener la escalada de la inflación y del dólar paralelo, decidió absorber gran parte de lo emitido para financiar al Estado a fines de 2013, colocando deuda propia remunerada (Lebac y Nobac). En definitiva, podemos decir que está endeudándose para fondear a un Gobierno que no tiene acceso al crédito voluntario, para lo cual tiene que pagar una tasa de interés atractiva. Es decir, no sólo ya no inunda el mercado de pesos, sino que, además, compite por el crédito disponible, por lo que es lógico que las tasas hayan subido.

El problema es que esta estrategia, a pesar de haber sido efectiva, no es sostenible en el mediano plazo. El Banco Central continúa perdiendo solvencia para financiar gasto público excesivo y, encima, ahora deberá sumar el pago de los servicios de los mencionados mayores pasivos remunerados. Todos sabemos que cualquier banco que pierde continuamente solvencia termina quebrando y lo mismo le sucederá al BCRA si mantiene demasiado tiempo esta política, con el agravante de que si quiebra, lo haremos todos los argentinos. Además, como el Estado nunca devuelve las transferencias que el Central le hace, no está de más preguntarse cómo terminarán pagándose esas deudas, incrementadas por lo que se capitalice de tasa de interés. Simple, con mayor inflación futura, ya que deberá incluir el pago de los rendimientos correspondientes.

Por ende, se vuelve urgente que el Gobierno deje de exprimir al Banco Central como viene haciéndolo hasta ahora. Mantener tasas de crecimiento del gasto primario por encima del 30% es insostenible y llevará a una crisis. Para empezar a alejar la posibilidad de nuevos sustos cambiarios, es necesario que se busquen porcentajes de incremento del 25% o menos para 2014. Esto permitiría bajar el ritmo de emisión a niveles inferiores al 24%, sin acumular un excesivo endeudamiento del Banco Central. La inflación se desaceleraría e, incluso, hasta se podría observar una baja de la tasa de interés en algún tiempo.