2 de septiembre 2010 - 00:00

Tasas cerca del 0% gatillan la suba en las Bolsas

Ben Bernanke
Ben Bernanke
Un popular dicho en los mercados enuncia que cuando el taxista pregunta por los precios de las acciones es señal de venta. No se trata de una expresión antojadiza: se supone que la información llega tarde al público menos informado y, por lo tanto, recién entrarán al mercado cuando los precios resulten demasiado altos.

Ahora se estaría dando el efecto contrario. Los principales bancos de inversión de Wall Street coinciden en observar que el público que invierte se volcó masivamente a bonos del Tesoro y que su tenencia de acciones en el portafolio está en niveles bajísimos. Pero se trata de inversores que tienen menos información y, por lo tanto, también habrían llegado tarde a este tipo de inversión «defensiva».

Sucede que los bonos del Tesoro en Estados Unidos están muy cerca de sus precios máximos históricos. Y aún así en las últimas semanas se multiplicó la cantidad de inversores que corrieron a ellos como refugio ante la volatilidad de los mercados.

La consecuencia de estos altos precios es una rotunda caída de las tasas de interés. Un bono a dos años rinde apenas el 0,5 por ciento anual. Y más sorprendente todavía es que un título a diez años presentaba ayer un rendimiento del 2,57 por ciento, aunque llegó a ubicarse a menos del 2,50 anual por ciento.

La fuerte suba del oro durante el año (el 14 por ciento), pero especialmente en agosto (casi el 6 por ciento), refleja en parte este fenómeno. En la búsqueda de activos de bajo riesgo muchos inversores optaron por comprar oro en vez de posicionarse en bonos del Tesoro, que ya están demasiado caros.

El riesgo es que en un plazo relativamente breve (¿antes de fin de año), las tasas de interés tiendan al alza en relación con los valores actuales. Se estima que el nivel adecuado para la tasa de bonos a 10 años -en condiciones como las actuales- es del 3,5 por ciento anual, bien por encima del 2,5 por ciento actual.

Esto provocaría una caída en los precios de los T-Bonds. Por ende, una inversión ultraconservadora puede tornarse arriesgada, ya que se incurriría en pérdida de capital.

Las bajísimas tasas de interés empujan, por ende, a los inversores a buscar activos de mayor riesgo. Ayer los buenos datos sobre la evolución de la economía en China y Australia fue la excusa para que desde temprano aparecieran los compradores. Y remató un dato también posible sobre la evolución de la actividad en las fábricas en los Estados Unidos para afirmar la postura de los compradores, algo que seguramente festejó Barack Obama.

Los emergentes volvieron a sobresalir y superaron el comportamiento de los indicadores de Wall Street. La Bolsa paulista subió más del 2,1 por ciento, pero el incremento fue mayor en dólares si se tiene en cuenta la nueva apreciación del real. La divisa quedó por debajo del 1,75. El índice BIK, que agrupa a las 40 acciones emergentes, tuvo la suba más importante de los últimos meses al ganar el 3 por ciento.

Un bono de cualquier país latinoamericano que rinde entre el 4 por ciento y el 5 por ciento anual luce muy atractivo en este contexto. Es el doble (o más) en relación con un bono estadounidense. Ni hablar del 10 por ciento que rinden los bonos argentinos, aunque el interés de los inversores externos no es tan grande, porque el riesgo que perciben es mucho mayor.

En prácticamente todos los mercados emergentes se vivió el mismo fenómeno, el ingreso de flujos en busca de rendimientos generó suba en precio de acciones y bonos junto con la caída del tipo de cambio.

Resta saber ahora hasta qué punto la Reserva Federal norteamericana deberá «inundar» de dólares al mercado para sostener la reactivación económica. Un dólar débil (ayer el euro volvió a superar el nivel del 1,28 por ciento) puede ser sinónimo de una mejora adicional de las Bolsas y también de las materias primas.