30 de diciembre 2008 - 00:00

Teatro 2009: modelando al hombre perfecto

Daniel Veronese, el director de teatro más solicitado hoy en la escena local y fuera del país. Estrena el 2 de enero la nueva obra de Neil Labute.
Daniel Veronese, el director de teatro más solicitado hoy en la escena local y fuera del país. Estrena el 2 de enero la nueva obra de Neil Labute.
A punto de convertirse en el director teatral más solicitado de la Argentina, Daniel Veronese pasa de la escena independiente al teatro comercial con destreza. El 2 de enero dará a conocer en el Multiteatro un nuevo título de Neil LaBute, «La forma de las cosas», con Fernán Mirás y Griselda Siciliani en los protagónicos, y el 14 de enero repondrá «Gorda» (del mismo autor) en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, obra que volverá a montar en México dentro de unos meses. De «La forma de las cosas» puede anticiparse que Mirás compone a un tímido empleado de museo, seducido por una especialista en arte, que a lo largo de cuatro meses de noviazgo irá modelándolo hasta convertirlo en un hombre más interesante y deseable.
Entretanto, Veronese continúa con los ensayos de su díptico ibseniano integrado por versiones de «Casa de muñecas» y «Hedda Gabler», tituladas respectivamente «El desarrollo de la civilización venidera» y «Los grandes gobiernos han evitado siempre el teatro íntimo». Veronese ya tiene acordadas para 2009 siete puestas teatrales (entre estrenos, reposiciones y algunos montajes que realizará en el exterior) además de las habituales giras por Europa. Pero hay algo que lo enorgullece particularmente: su versión de «Tío Vania» («Espía a una mujer que se mata») fue elegida para abrir el Festival Chejov de Moscú en 2010, al conmemorarse ciento cincuenta años de la muerte del gran escritor ruso.
«Para mí es lo máximo» -admite Veronese-. «Cuando el director del festival vio el espectáculo en París nos dijo: 'Quiero que los rusos vean que se puede hacer Chejov con humor'».
Periodista: También tiene vendidas en el exterior varias funciones de su díptico ibseniano, cuando todavía ni lo estrenó.
Daniel Veronese: No me gusta esta modalidad. Es un estrés tremendo; pero ellos las pidieron, quieren lo nuevo. Podría haber dicho que no, pero como tenía pensado estrenarlas para la fecha que ellos piden... No hay problema. Lo que no me cierra mucho es que todavía no conocemos el resultado final de estas obras y ya las están comprando.
P.: Sin embargo en su trayectoria con el Periférico de objetos, el grupo hizo varias obras por encargo.
D.V.: Es cierto, pero hay que tener mucho cuidado con esto. Cuando lo de uno vende y el público lo pide, enseguida aparece gente que pone dinero para que uno haga algo nuevo. Eso para el artista es un arma de doble filo, porque corre el riesgo de estar produciendo una obra ya no por necesidad propia sino por la necesidad de otros.
P.: Usted es un apasionado de Chejov y de Ibsen ¿qué lo atrae del teatro comercial?
D.V.: «La forma de las cosas» es mi tercer trabajo en este circuito, después de «Gorda» y de «El método Grönholm». Son obras que seguramente yo hubiera dirigido en el exterior, como ahora voy a dirigir en Madrid «Glengarry Glen Ross» («Codicia») de David Mamet. No es algo que haga por dinero, en un circuito u otro siempre trabajo con la misma pasión. Sólo necesito contar con una obra sólida y buenos actores, «actores de teatro», y si se dan estas dos condiciones casi ni puedo pensar que es teatro comercial, aunque sean piezas destinadas a otro tipo de público.
P.: «La forma de las cosas» tiene un planteo bastante original y polémico, con un último acto que pone todo de cabeza.
D.V: Es un comedia negra de muy buena estructura y algo más retorcida y perversa que «Gorda».
P.: ¿Qué opina de los protagonistas?
D.V.: El personaje de Fernán Mirás es muy gracioso, y como la gente se pone del lado de los débiles, al igual que yo, creo que el público lo va a amar. Ella también tiene su encanto. Me gusta porque es uno de esos personajes que dice lo que yo pienso pero que hace cosas que yo no haría. Evelyn es tremenda, pero en cierta forma el fin que persigue a nivel artístico, justifica los medios que utiliza. Lo interesante de esta obra es que es abierta, complicada y bizarra como la vida misma, sin maniqueísmos. Uno se identifica con los cuatro personajes, aunque a veces resulten detestables.
P.: En una buena obra de teatro todos los personajes tienen razón. ¿Hay algo de eso acá?
D.V.: Sí, lo difícil es lograr que el público lo vea así. Obviamente cada espectador tomará partido por uno u otro personaje, pero cuantas más posibilidades de pensamiento haya en la obra más posibilidades habrá de que el público entre en contradicción.
P.: Sus primeros espectáculos, sobre todo los del Periférico, tenían un carácter decididamente siniestro, en cambio sus últimas puestas comerciales destilan cinismo.
D.V.: El cinismo a ultranza es siniestro. Ahora que lo pienso, las tres obras que dirigí en el circuito comercial tienen que ver con la manipulación de personas. Como ve, yo antes me dedicaba a la manipulación de objetos y ahora me interesa la manipulación de personas. Es un tema siniestro pero está tratado con humor. De lo que se trata, en definitiva, es de ver lo que hace uno frente al pedido, la exigencia o el deseo de los demás.
P.: ¿Su vida se complicó mucho con tanta exigencia de trabajo?
D.V.: Ya no puedo acompañar a los elencos en gira y a mitad de año voy a tener que suspender todos mis viajes. Por eso convencí a un elenco andaluz, que va a estrenar en Sevilla otra obra mía, «Los corderos», de que sean ellos lo que viajen, y están encantados de venir a ensayar a Buenos Aires.

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