29 de abril 2019 - 00:01

Hair 2019: "Antes creíamos que todo podía cambiarse"

Figura clave en la estética de los 60 y 70, la nueva versión del legendario musical hippie la encuentra otra vez entre los responsables de su puesta. Su visión de hoy dista del optimismo de entonces: señala que no sólo nada se resolvió, sino que muchos de los problemas persisten como entonces.

Renata Schussheim. Como en 1971, será vestuarista de Hair.
Renata Schussheim. Como en 1971, será vestuarista de "Hair".

Más de medio siglo después del estreno de “Hair” (en 1967 en el off Broadway, al año siguiente en Broadway), el primer musical de rock que abordó tópicos como el movimiento hippie, la guerra de Vietnam, la rebeldía y el idealismo, se presentará a partir del 4 de mayo una nueva versión con adaptación y dirección de Pablo Gorlero, vestuario de Renata Schussheim y producción conjunta entre Lino Patalano y Ciudad Cultural Konex.

Escrita por Gerome Ragni, James Rado y Galt MacDermot, en 1971 “Hair” llegó a la Argentina por medio de Alejandro Romay y Daniel Tinayre, con un elenco del que formaban parte unos entonces desconocidos Valeria Lynch, Susan Ferrer, Horacio Fontova, Mirta Busnelli y Rubén Rada, entre otros. En 1979 fue llevada al cine por Milos Forman. Dialogamos con Renata Schussheim, quien también había hecho el vestuario de la versión de 1971.

Periodista: ¿Recuerda el estreno de la primera “Hair” en Broadway? ¿Qué se vivía en aquellos tiempos a nivel artístico?

Renata Schussheim: No me acuerdo cómo era el vestuario de la “Hair” que hice aquí en 1971, menos me voy a acordar el de Broadway, pero sí puedo decir que fue muy fuerte la obra en aquel entonces y sigue siéndolo hoy en cuanto a cosas como el alegato antibélico. Es como si no hubiese pasado el tiempo porque el mundo sigue igual, guerreando.

P.: ¿Cómo fue hacer el musical entonces y cómo es ahora?

R.S.: La versión que hice fue con Rubén Elena, actuaba Rubén Rada, Valeria Lynch, eran todos desconocidos. En aquel momento estábamos muy involucrados, vivíamos lo que estaba ocurriendo mientras hacíamos el musical. Ahora me gusta que se lleve a cabo en un lugar como el Konex y que la gente joven vaya a ver lo que fue esa otra generación, el movimiento hippie. Recuerdo que cuando empecé a trabajar en la obra el equipo me acercaba documentación y me daban fotos glamorosas del hippismo pero esta obra no tiene que ver con ese hippismo; no era Twiggy, era otra cosa.

P.: En aquella ‘Hair’ se levantaban banderas de igualdad, amor libre, violencia doméstica, represión sexual, ¿en esta se resignifica de alguna manera todo aquello?

R.S.: Tiene actualidad. De hecho, hice dos espectáculos este año, “Cabaret” y “Hair”, y en ambos es como si el tiempo no hubiera pasado, los temas están presentes y frescos; con “Cabaret” la cuestión del avance de la derecha y el nazismo, que es como si hubiese ocurrido ayer. Con “Hair” me pasa lo mismo, es una cruel metáfora donde la realidad, en vez de avanzar, retrocede, o bien se queda en el mismo lugar de conflicto. Es muy deprimente si se piensa, es como si nada hubiera avanzado.

P.: ¿Qué impronta de vestuario y diseño estético diseñó para la obra?

R.S.: En mi recuerdo, el vestuario tiene que ver con lo oriental y lo hindú: la túnica, el viaje a la India. Lo que traté de hacer es replicar aquello evitando que fuera demasiado fashion, porque ahora todo eso está de moda. No quise remitirme a poner una prenda batik que se puede comprar ahora en Plaza Francia; intenté agarrarme de prendas como chalecos con flecos, pantalones pata de elefante talle alto, de época, que no sean tan apretaditos ni angostitos, aunque eso también está de moda. Traté de encontrar el estilo, que no quedara como moderno de ahora, y trabajé bastante con el color.

P.: ¿Cómo ve a los jóvenes millennials que integran el elenco en relación a los protagonistas de antaño?

R.S.: Nosotros teníamos la ilusión de un proyecto que modificaría el orden de cosas, y creo que era más fuerte que el actual. Pero eso no es culpa de los que lo viven sino de una realidad que tiene estímulos muy diferentes de los que se tenían en los 60 o 70. Y es muy complejo determinar cuáles eran esos estímulos y cuáles son los de ahora; habría que hacer un estudio sociológico de qué es aquello que motiva a levantarse de la cama a la mañana. En esos tiempos había cierto candor e ilusión de que todo era posible de ser modificado, que íbamos a ser escuchados, pero ya sabemos no fue así.

P.: ¿Qué puede agregar sobre esta versión en el Konex?

R.S.: Vi una pasada completa para probar el vestuario y me sigue emocionando, se me vuelve a poner la piel de gallina en determinadas canciones, o en el final, lo cual no es poco porque yo no soy un público fácil, soy del teatro y que me emocione es mucho decir. Ver 30 personas con una gran energía, con pasión sobre el escenario y que están creyendo en lo que hacen, es algo que se agradece.

P.: Sobre todo en tiempos en que la mayoría de las obras cuenta con pocos personajes, máximo seis.

R.S.: Por fortuna estoy en el extremo opuesto y no me tocaron elencos chicos sino todo lo contrario, y esto se hace en cooperativa por aquellos que creen en el espectáculo.