Javier Daulte: “Entre adultos, las travesuras pueden terminar mal”

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Se estrenó, con Gloria Carrá, Julieta Díaz y Paola Krum, “Las irresponsables”, que el autor había presentado previamente en Barcelona.

“El arte es donde podemos dar rienda suelta a nuestros impulsos sin hacerle daño a nadie. Jugar y hacer una travesura, es en el arte donde se puede hacer y para eso el teatro es el lugar por excelencia”, dice Javier Daulte, autor y director de “Las irresponsables”, protagonizada por Gloria Carrá, Julieta Díaz y Paola Krum que puede verse desde el fin de semana en el reinaugurado teatro Astros.

La obra, que se estrenó en Barcelona, vuelve a dar vida a una sala que fue totalmente renovada y cuenta con la dirección artística de Andrea Stivel, quien tras haberse dedicado años a la industria televisiva desembarca en el ámbito teatral.

Dialogamos con Daulte, quien tiene cinco obras en cartel: “Luz testigo” y “Valeria radioactiva” en Espacio Callejón; “El recurso de Amparo” en Dumont 4040; “Ella en mi cabeza” en el Metropolitan y “Las irresponsables”.

Periodista: ¿Cómo surgió la obra?

Javier Daulte: Fue un encargo de una productora de España con la condición de que fueran tres actrices de entre 40 y 50 años y con un protagonismo equilibrado. Como no la iba a dirigir allá pensé en hacerlo acá, es raro no dirigir lo que escribo. Pero esto fue prepandemia, y terminó estrenándose primero en Barcelona y después en Buenos Aires. Y en cuanto a las actrices, hace tiempo queríamos trabajar juntos con Gloria Carrá y Julieta Díaz y como eran tres llamé a Paola Krum.

P.: ¿Cómo apareció la historia, los personajes, el dispositivo?

J.D.: Quise que fueran sólo ellas, podía haber incorporado más personajes pero me interesaba el trío de mujeres. Son tres amigas, dos de ellas hermanas. No me acuerdo exactamente el disparador pero apareció algo de las reglas y normas de convivencia en sociedad, que están bien, claro, pero que de algún modo nos van domesticando. Y uno se pregunta dónde quedó ese espíritu que todos hemos tenido alguna vez, el de la travesura, y una travesura en un adulto puede tener consecuencias complicadas. También me interesaba escribir una obra que transcurriera en el escenario, no sólo que se converse, que me encanta, pero hay algo de “haría tal cosa”, y acá lo hacen. Son tres personas que a partir de una cantidad de sucesos logran, sin proponérselo, un nivel de catarsis tan grande que resulta sanador.

P.: Dice que trata sobre la rebeldía, el desborde, el inconformismo, el estar hartos y la necesidad de ser irresponsables. ¿Cómo resuena esto en usted mismo? ¿Qué hay de la obra que lo interpele?

J.D.: El poder escribir y hacer teatro es un acto liberador. Es un acto catártico y es ficción. Es jugar a situaciones a las que no nos atrevemos, es dar rienda suelta y exorcizar. Me interpela en la lucha permanente que uno tiene con el deber ser y los impulsos. Para domesticar a un perro hay que matarle los impulsos primarios, los instintos, se lo domestica anulando ese instinto, y a los humanos también. Por suerte; si no no podríamos convivir. Pero ¿dónde quedan esos impulsos? Muchas veces eso genera frustraciones y los personajes no terminan igual que como empezaron. El hecho de refrenar los impulsos, lo que está bien, lo que está mal, por cuestiones que son morales, tiene consecuencias.

P.: ¿Cómo ve la producción y oferta en los tres circuitos teatrales? ¿Cómo responde el público?

J.D.: Estamos con ganas de reunirnos de manera presencial, hay sensación de vuelta a la normalidad y hay enorme oferta. La gente vuelve pero hace unos meses no sabíamos qué iba a pasar, si volveríamos a lo que teníamos. Y sí, se volvió a nuestros hábitos y costumbres, lo que no quiere decir que a todas las obras les vaya bien. El alternativo fue bastante bien para sus parámetros, el comercial empezó a mejorar un poco a partir de marzo.

P.: ¿Qué pasa con el covid y el teatro?

J.D.: El que se quemó con leche ve una vaca y llora. Siempre hay alguna que otra función suspendida pero es como siempre, si alguien se enferma no hace función porque no puede, no por no contagiar.

P.: ¿Cómo apareció la posibilidad de estrenar en la reapertura de un teatro que estuvo cerrado tanto tiempo, a la vez símbolo de la calle Corrientes? Andrea Stivel, como Yankelevich, pasaron de la TV al teatro.

J.D.: A Andrea la conozco hace mucho y estuvimos conviviendo con este relanzamiento. Es la primera vez que se pone con un emprendimiento teatral y el hecho de que la sala inaugure con nuestro espectáculo le suma un plus.

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